Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Viejos modos en una nueva era

Gina Montaner
Miami, Estados Unidos

El concepto más manido estos días es que la Cumbre de las Américas que concluyó en Panamá es un encuentro histórico porque los libros recogerán que aquí el presidente Obama y el gobernante Raúl Castro escenificaron el último acto del deshielo.

Gina Montaner

Gina Montaner
Miami, Estados Unidos


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El concepto más manido estos días es que la Cumbre de las Américas que concluyó en Panamá es un encuentro histórico porque los libros recogerán que aquí el presidente Obama y el gobernante Raúl Castro escenificaron el último acto del deshielo.

Sin embargo, más allá de la premura de Obama por dejar sentado un legado de “política de abrazo” con un viejo enemigo como el régimen castrista, esta Cumbre será recordada por la disonancia entre los gestos de la realpolitik y la sucia realidad de los hechos. O sea, mientras Washington y La Habana sellan el acercamiento, en la capital panameña ha quedado patente que el talante matón del régimen cubano no se ha suavizado desde que comenzaron a negociar en secreto hace más de dos años.

A pesar de que el Gobierno panameño puso énfasis en que esta reunión sería una oportunidad para el encuentro y no para el desencuentro, lo que ha sucedido en el foro de sociedad civil, auspiciado por la Organización de Estados Americanos (OEA), ha sido lamentable. Tuve ocasión de charlar con Rubén Castillo, el coordinador y alma de este foro, y su intención desde el principio fue la de abrir un espacio para que todos los protagonistas de la sociedad civil se expresaran en las mesas de trabajo. Pero con él también hablé del temor de que el Gobierno cubano y sus amigos chavistas acabaran por reventar los actos en los que debían intervenir los disidentes que han viajado de la isla para participar en el evento. Como era de esperar, la delegación cubana movilizó a sus turbas de repudio en el foro y en la calle, donde la jauría castrista ha golpeado salvajemente a opositores cubanos.

Y hablando de jauría, porque es el término que se ajusta a los hooligans del castrismo, en una de las ponencias del foro de sociedad civil fui testigo del momento en el que el ex ministro de Cultura y asesor de Raúl Castro, Abel Prieto, felicitaba a sus huestes. El éxito consistía en que con sus gritos y consignas lograron expulsar del salón al disidente Guillermo Fariñas cuando intentaba participar en un acto al que había sido invitado oficialmente. Unas horas antes había sucedido lo mismo con Rosa María Payá y Lilian Tintori, la esposa del opositor venezolano Leopoldo López. Los disidentes cubanos y venezolanos han tenido que soportar todo tipo de insultos en un país democrático donde las fuerzas de choque castristas y chavistas han actuado de manera impune.

Lo que más me impresionó de Abel Prieto, que en sus ratos libres va de intelectual y publica novelas, fue su gesto de implacable policía represor y lo que dijo al referirse a los disidentes: “Se fueron como perros”. Junto a él había alguien que lo grabó discretamente en su papel de agitador de los actos de repudio que han desbaratado el esfuerzo de demócratas convencidos como Rubén Castillo. Difícilmente se puede dialogar con un régimen que sólo conoce ese modo de actuar porque lo único que lo sustenta es el terror y la intimidación.

Obama regresa a casa con la fatua satisfacción de haberle dado un giro radical a la política de Estados Unidos hacia Cuba. Y Raúl Castro retorna a La Habana con la tranquilidad de que habrá más inversionistas sin haber modificado la esencia totalitaria del sistema que él y su hermano impusieron a los cubanos hace ya más de medio siglo. En el avión de regreso felicitará a su camarada Abel por haber sacado como “perros” a los disidentes. Misión cumplida. Son los viejos modos en una nueva era.

El texto de Gina Montaner ha sido publicado originalmente en el diario español El Mundo