Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Mercantilismo estatal

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Durante la época de la conquista de América, Europa tenía una sociedad feudal manejada por una nobleza que obligaba a los campesinos a prestar servicios laborales gratuitos y pagar tributos.

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador


Publicidad

Durante la época de la conquista de América, Europa tenía una sociedad feudal manejada por una nobleza que obligaba a los campesinos a prestar servicios laborales gratuitos y pagar tributos.  El feudalismo venía sintiendo, desde el siglo XIII, el impacto del desarrollo de las ciudades, originando revueltas agrícolas violentas que amenazaron el orden señorial y pusieron sobre la mesa de discusión los rasgos más odiosos del modelo.  Eso obligó a reflexionar a los pensadores de la época sobre la necesidad de formular un nuevo sistema económico.

Somos herederos del mercantilismo estatal europeo en el que la monarquía absolutista intervenía en la economía.  El Estado permitía, con sus actos, que a un individuo le vaya bien o caiga en desgracia.  Todo dependía de sus relaciones con la corte.  Y en ese contexto, se protegía la producción local de la competencia extranjera, subsidiando empresas privadas y creando monopolios privilegiados.  Se imponían aranceles a los productos extranjeros y se acuñaba la moneda generando inflación; siempre con la intención del incremento de los ingresos fiscales.

Estas ideas políticas desaparecieron en el siglo XIX, pero parecieran vigentes.  Sentimos que vivimos en un esquema que fomenta la división de clases entre pelucones y pueblo, sin que queden claro cuáles son los requisitos para entrar a cada una de esas categorías, que al final, no son más que una entelequia.  Lo único que existe es el individuo. El ejercicio del poder electoral de las mayorías no puede descuidar los derechos de las minorías, facultando la opresión del individuo y sus derechos fundamentales como la vida, la propiedad y la libertad en todas sus formas.

¿Es malo ser pobre? No.  El inconveniente surge cuando el país no ofrece igualdad de oportunidades para que todos los individuos puedan acceder a la riqueza.  Ese sería un país injusto.  Que perjudica a la mayoría, protegiendo a unos pocos mediante las salvaguardias, por ejemplo.  O que le permite hacer dinero solamente a aquellos individuos que tienen contactos con el gobierno.

Nunca existió la larga noche neoliberal.  Desde la época de la conquista han existido restricciones al libre comercio.  Hemos prolongado un sistema económico pernicioso que transfiere riqueza, no la crea.  Es hora de cambiar.  Requerimos reglas claras y atemporales, que le permitan al individuo planificar su crecimiento económico a largo plazo sin tener que pedirle favores al gobierno de turno.