Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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¡Vientos de cambio en la Argentina!

Martina Vera
Madrid, España

La Argentina de hoy sigue siendo aquella que despidió a Eva Perón en 1952, pereció los atropellos de la Junta Militar en 1976, comprometió su capital y esperanza con el corralito del 2001 y alcanzó limites insostenibles de inflación en el 2015.

Martina Vera

Martina Vera
Madrid, España


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La Argentina de hoy sigue siendo aquella que despidió a Eva Perón en 1952, pereció los atropellos de la Junta Militar en 1976, comprometió su capital y esperanza con el corralito del 2001 y alcanzó limites insostenibles de inflación en el 2015; quizá el conjunto de esos sucesos explica por qué ya no es aquella que concede al peronismo victorias arrasadoras en las urnas. La situación actual del país y su memoria histórica toman forma con las primarias de agosto que son un ensayo para las generales de octubre; en las recientes, vientos de cambio rondan el aire pampero. La duda radica en si ese cambio llega o no para quedarse. Si se marcha, la Argentina no vivirá días de viento pero sí luchará contra tempestades.

Una victoria a medias

Las primarias del domingo 9 de agosto otorgaron a Daniel Scioli, candidato del partido de Cristina Fernández de Kirchner Frente para la Victoria, un 38,41% de los votos. Ese triunfo no es suficiente para garantizar que el peronismo arrase, como lo hace desde el 2007 en las elecciones presidenciales venideras. De hecho, en esta ocasión, Daniel Scioli pierde 2.333.629 votos con respecto al récord de Cristina Fernandez. El descontento argentino hacia un partido que disfrazó de justicia social a las políticas erráticas que arrojaron la economía por la borda se acentúa y concede votos a la oposición. Mauricio Macri, exgobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato de Cambiemos, obtiene el 30,07% de los votos; se consolida como principal opositor de la legacía kirchnerista.

Si bien las primarias traen consigo vientos nuevos, la duración de ese temporal es incierta, puesto que el voto se encuentra dividido. La futura victoria tanto de Macri como de Scioli, dependerá de la simpatía que generen en una segunda vuelta en los seguidores de Sergio Massa–obtuvo un 20,08% de votos en las primarias.  La última jornada electoral además revela que a ese reto se le suma uno más trascendental: el de combatir el descarado fraude electoral en favor del kirchnerismo.

La lucha contra el fraude electoral

Tras las primarias del 9 de Agosto, abundan las denuncias de fraude electoral en favor del oficialismo. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se registran denuncias tanto de figuras políticas de oposición como de ciudadanos que afirman que se ocultan las papeletas que corresponden a las opciones de cambio en las urnas. La denuncia pública y fiscal de esas transgresiones es decisiva para las elecciones de octubre, donde una vez que Massa no conste en la ecuación, la diferencia de apoyos que sumen Scioli y Macri es incierta y decisiva. Venezuela ejemplifica porqué esa lógica se aplica e importa en Argentina. En el país que gobierna Maduro, el fraude cometido de las elecciones del 2013 concedió la victoria a un Presidente que hoy ni siquiera se atreve a revelar las cifras inflacionarias de ese país.

La oportunidad del siglo

En octubre, Argentina tiene la oportunidad de librar una batalla decisiva contra el negligente y corrupto modelo ”Socialista del Siglo XXI” que lleva la economía a la perdición en países como Venezuela, Ecuador y el suyo propio. Ese país ya afronta duros controles de capital, padece de alta inflación, tiene gran déficit fiscal y vive sumido en un proteccionismo nefasto. Al igual que el chavismo, el kirchnerismo financió sus promesas populistas durante el boom de la materia prima y las consecuencias de esa irresponsabilidad agudizan problemas de delincuencia y pobreza local. Está más que claro porqué urge que el cambio llegue a la Argentina para quedarse. Tanto los líderes de oposición como los ciudadanos deben de que exigir que se reintegre al país aquello que tras la disolución de la Junta Militar juró no perder jamás: la voz, la dignidad y la esperanza.