Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Fin de ciclo

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido

A nivel deportivo hay una frase muy utilizada para entender los problemas de un equipo, el denominado fin de ciclo.

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido


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A nivel deportivo hay una frase muy utilizada para entender los problemas de un equipo, el denominado fin de ciclo. La expresión trata de explicar por qué un equipo que ha tenido varias temporadas buenas de pronto empieza a tener complicaciones. El “Fin de ciclo” puede ser explicado por varias razones: jugadores que bajan su nivel, tensiones entre el entrenador y los jugadores, malas decisiones en la gestión o simplemente que los rivales desarrollan nuevas estrategias que resultan más exitosas.

El Ecuador está viviendo el fin de ciclo político y económico vigente durante los últimos casi 9 años. El ciclo político actual ha resultado inusualmente largo en un país dado a la inestabilidad política, es así que Correa ya aseguró su lugar en la historia como el presidente con más tiempo en el poder del último siglo. Y aunque a nivel político todavía es pronto para hacer un balance, es evidente que a nivel económico el “modelo” llegó a su fin.

Como pasa en el deporte, los partidos no los pierde solamente el equipo, el rival juega y poderosas fuerzas externas pueden ser determinantes. Además de la ya conocida caída del petróleo a su nivel más bajo en los últimos 6 años, el Ecuador enfrenta el dólar más caro de los últimos 20 años, una región que crecerá menos del 1% y una reducción notable en los flujos financieros hacia países en vías de desarrollo. El Financial Times habló recientemente de una salida de 1 trillón de dólares desde los mercados emergentes hacia países desarrollados en los últimos doce meses. Dicho de otra forma, tenemos el peor rival posible.

Sumado al entorno externo, están los errores propios: un impuesto a la salida de capitales que más que retener los dólares, impide que lleguen los de fuera, o el intento de imponer mayores impuestos (plusvalía y herencias) que generaron incertidumbre en un momento ya delicado. Pero quizás el principal error del modelo económico vigente es haber desestimado al sector privado como socio, y es que durante años la inversión privada al gobierno le pareció irrelevante, pues simplemente no la necesitaba. Evidentemente el escenario actual es completamente distinto, los ingresos petroleros son la mitad que en años pasados, la recaudación tributaria se resiente en una economía que crece menos y el endeudamiento externo es más caro producto del menor interés en prestar a países en vías de desarrollo y en particular a exportadores de commodities.

Lo que se viene ahora es una incógnita ¿El gobierno va a reconocer que su modelo económico debe ser cambiado? Hay un par de razones para el optimismo, la decisión de hacer otro recorte al presupuesto del 2015 y planificar el presupuesto del 2016 con un precio del barril de petróleo por debajo de 40 dólares es acertado, como lo es el anuncio de una evaluación del tamaño del estado de cara a reducirlo. También es un paso en la dirección correcta la entrada en vigor de una nueva ley para incentivar las alianzas público-privadas, la cual aunque llega tarde permite pensar que el gobierno se ha dado cuenta que el sector privado es no solo útil, sino esencial. Pero esto no es suficiente, hay que remover del horizonte todo proyecto que genere incertidumbre o nerviosismo en el sector privado, por ejemplo: las leyes de herencias y plusvalía, y el proyecto de dinero electrónico que dado los pocos usuarios actuales, seguramente nadie va a extrañar.

Como en el deporte, los fines de ciclo suelen ser complejos, y encontrar otra forma de ganar partidos puede tomar tiempo, pero son inevitables. Es peligroso insistir en un modelo agotado. El reciente auge petrolero permitió al Ecuador dar un salto cualitativo en infraestructura y resolver algunos problemas acumulados por décadas, por ejemplo el de generación hidroeléctrica. Sin embargo también significó un periodo de bonanza que hizo que ignoráramos otros problemas estructurales: alta dependencia del petróleo, baja productividad, ineficientes subsidios energéticos, etc.

Es extraño pensar que buena parte del legado de Rafael Correa se va definir en los próximos 18 meses más que en los 8 años y medio pasados; para eso deberá ser capaz de corregir errores, de devolverle la posta al sector privado como protagonista del crecimiento económico y de entregarle al siguiente gobierno una economía estabilizada. No va a ser fácil, pero todavía está a tiempo.