Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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¿Estaríamos mejor con una moneda propia?

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido

Durante las últimas semanas hemos escuchado al presidente repetidamente decir lo difícil que es no tener política monetaria y cómo el dólar nos complica la vida.

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido


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Durante las últimas semanas hemos escuchado al presidente repetidamente decir lo difícil que es no tener política monetaria y cómo el dólar nos complica la vida en un momento en que se ha apreciado considerablemente con respecto a la mayoría de otras monedas. Aunque lo expuesto por el presidente es cierto, falta la otra mitad de la información para poder determinar si el no tener moneda propia es un problema.

Empecemos con las desventajas de no tener moneda propia. La primera es que no tenemos ninguna injerencia en la política monetaria que determina la evolución del dólar, y eso sin duda es un problema, pues la política monetaria es una de las herramientas más útiles para gestionar una economía. El dólar más caro hace que nuestras exportaciones sean menos competitivas, que nuestro país sea más caro para los turistas y que los ecuatorianos prefieran productos importados, pues les resultan más baratos.

Ahora bien, tener moneda propia no está exento de riesgos y es necesario entender cuál sería el escenario alterno si no estuviéramos dolarizados. Miremos un ejemplo cercano. Colombia ha hecho noticia pues vemos las imágenes de ecuatorianos comprando de ese lado de la frontera, sin embargo eso no significa que la devaluación del peso colombiano no traiga inconvenientes. El primero es el peso de la deuda, dado que la deuda externa está en dólares, una devaluación del peso del 60% significa que la deuda en pesos colombianos se ha incrementado en 60%, y esto no es solo un problema del sector público, sino también de las empresas privadas endeudadas en el exterior cuyas deudas están dólares pero sus ventas se hacen en pesos. El segundo inconveniente es la inflación, pues los productos importados son más caros, de hecho Colombia ya registra una inflación del 4.7%, por encima del rango establecido de 2% a 4%. Finalmente está el tan comentado efecto en las exportaciones: si la moneda colombiana se ha devaluado en 60% entonces debería haber un salto enorme en sus exportaciones, pero la realidad dista mucho de aquello, pues su exportaciones se han contraído, afectadas por la baja del precio de los commodities, principalmente petróleo y carbón. Por ahora la devaluación no se ha transformado en un boom exportador.

Evidentemente el tener política monetaria propia permite hacer ajustes de manera solapada. Cuando un ecuatoriano quiere comprar un bien importado que le resulta más caro por las salvaguardas, culpa directamente al gobierno, mientras que si un colombiano debe pagar 60% más por productos importados, la culpa la tiene el dólar, no el gobierno. Lo mismo sucede con los salarios, la devaluación hace a la mano de obra colombiana más barata, sin que esta se dé cuenta; por el contrario si se quisiera reducir el salario mínimo en Ecuador, esta decisión tendría un enorme costo político. Y quizás es aquí donde la dolarización molesta más al gobierno, pues cualquier ajuste que se haga se traducirá en un impacto político.

Pero el uso del dólar americano puede beneficiarnos aun estando apreciado. La mayor parte de los latinoamericanos asocia el dólar con seguridad, por lo que un país que lo utilice podría convertirse en una suerte de refugio en tiempos de incertidumbre, evidentemente esto requeriría una estructura institucional y una reputación internacional que Ecuador no posee. Y si bien la apreciación del dólar hace a nuestra mano de obra más costosa, también hace a los bienes de capital más baratos, es decir comprar maquinaria en euros o dispositivos electrónicos en yenes es ahora más fácil con un dólar fuerte y el Ecuador podría aprovechar este momento para incrementar su capital y por ende su productividad.

Destacar los problemas que nos genera el uso del dólar es contar una verdad a medias, pues de tener moneda propia hoy estaríamos viviendo una devaluación pronunciada, acompañada de mayores niveles de inflación y mayor dificultad para pagar la deuda externa. Todo esto sin ninguna garantía de crecimiento de las exportaciones.

La realidad es que como todo en la vida, nada es 100% bueno o malo, la dolarización tiene un costo, pero también ha traído enormes beneficios, beneficios que podrían ser mayores si tomáramos las decisiones correctas: eliminar el impuesto a la salida de divisas permitiría a bancos y empresas tomar deuda en el exterior a tasas de interés más bajos, así como a extranjeros invertir en Ecuador con la seguridad de que pueden recuperar su dinero si así lo deciden. Retirar las salvaguardias a los bienes de capital nos permitiría renovar maquinaria e incrementar la productividad. En la actualidad, ante la apreciación del dólar vemos a ecuatorianos ir a comprar a Colombia y Perú, cuando la imagen que deberíamos ver es a nuestros vecinos invirtiendo en la seguridad de un país dolarizado y abierto al mundo.