Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

El caldo de cultivo de los demagogos

Martina Vera

Martina Vera
Madrid, España


Publicidad

Siempre hay quien navega a contra corriente y mientras el que lo hace en solitario es valiente, el que viaja acompañado es irresponsable; pone en juego la vida de otros. Los venezolanos, ecuatorianos y argentinos conocemos de primera mano a ese tipo de irresponsables -Maduro, Correa y Fernández- y puede que los catalanes también lo hagan; eso si el Presidente de la Generalitat de Cataluña Artur Mas y su lista Junts Pel Sí (Juntos Por el Sí) ganan las elecciones parlamentarias y autoproclaman la independencia con respecto de España. Si el independentismo zarpa, no está demás advertir a los catalanes –desde la experiencia- que para revertir un asilamiento auto-infligido y castigador, no bastan los lamentos. Es necesario acabar con el caldo de cultivo que alimenta sin limite la popularidad de los kamikazes políticos. ¿Cómo? Los catalanes parecen saberlo mejor que nosotros, aún faltos de experiencia.

Todo efecto tiene una causa

El kamikaze político de uno, puede ser el héroe libertador de otro y para comprender a quienes ven en un kamikaze a un héroe, es necesario detectar las causas que generan ese efecto. En el caso de Cataluña, esas causas -extensas e históricas- se resumen en el temor a que su cultura, lengua y tradición se diluya con la del resto de España. A eso se suma la percepción de que, a pesar de ser el motor de la economía española, Cataluña recibe menos que otras autonomías y aporta más de lo que debe. Hoy, el caldo de cultivo es idóneo para que esas causas históricas, pero insuficientes para declarar la independencia, surtan efecto.

Un caldo de cultivo perfecto

España se recupera de una de las crisis financieras más aplastantes de su historia tras duros recortes y medidas austeras; ambos elementos alimentan el rechazo de una comunidad que siente dar mucho y recibir poco. Artur Mas saca provecho y culpa al estado español de perjudicar la economía catalana; se quita así, con gran facilidad, la responsabilidad de su precaria gestión financiera en la Presidencia de la Generalitat. Esa táctica –conocida en nuestra casa- surte efecto en Cataluña, pues los catalanes alegan que el primer problema que les atañe no es la cuestión independentista, sino la crisis y en concreto, el desempleo. España, atraviesa también aprietos políticos notables; la corrupción, el cinismo y el inmovilismo en las esferas del oficialismo, generan rechazo popular. Ese inmovilismo se intensifica en relación a Cataluña y da pie a que Mas y sus simpatizantes aleguen que declararán la independencia unilateral, ante la imposibilidad de dialogar con el estado Español y encontrar una tercera vía.

En el caldo de cultivo adecuado la demagogia rinde fruto; Mas lo sabe y aprovecha la ocasión para vender proyectos surrealistas que le pueden conceder la victoria, de acuerdo a encuestas recientes. Promete que la independencia mejorará la economía Catalana -habla de la creación de un sistema tributario similar al que tienen los países nórdicos-.  Sin embargo, no menciona que, si Cataluña autoproclama la independencia, se aísla del mundo –los tratados e instituciones a los que pertenece-, sale de la Unión Europea y abandona el Euro; todo eso hundiría el comercio, la industria y la economía. Los independentistas lo saben de sobra, pero lo niegan con descaro. Mientras, cientos de empresarios lo advierten y los catalanes, si bien algunos afines a la independencia, no son en absoluto afines a la desconexión.

Renovar la política

Nada esta dicho en Cataluña hasta que sus ciudadanos no ejerzan el voto el 27 de septiembre. Aun así, dos cosas son claras: el inmovilismo político de los partidos tradicionales y la irresponsable demagogia de los independentistas, juegan a favor del independentismo. Siendo así, todo pronunciamiento del sector financierodesacreditado tras la crisis- y los partidos políticos tradicionales –algunos de actitud inmovilista y otros con sendos escándalos de corrupción- contribuirá a enriquecer aun más ese caldo de cultivo.

Es necesario entonces que quienes combaten la demagogia renueven la política y gestión financiera que cedió paso a ese mal. En el caso de Cataluña, esa nueva forma de hacer política debe abordar una reforma a la constitución que reconozca la singularidad de esa autonomía, un sistema distinto de tributación y, un proceso de ajuste para llevar a España del modelo autonómico al federal. Ciudadanos, el partido que preside el joven y conciliador Albert Rivera, es el que mejor escenifica esa propuesta; las encuestas ya lo apremian. Eso, hace falta en algunos países de Latinoamérica, donde una oposición tradicional y dividida habla desde el inmovilismo y no convence a un electorado que sufre las consecuencias del aislamiento.