Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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¿Camaleón presidencialista o totalitario?

Martina Vera
Madrid, España

Es difícil separar la fe en la política de la fe en los políticos.

Martina Vera

Martina Vera
Madrid, España


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Es difícil separar la fe en la política de la fe en los políticos. Cuando nos falla lo segundo, pensamos que se trata de lo primero; como si aún no fuéramos conscientes de que la mayoría de países no tienen un sistema político, sino un sistema presidencialista, donde las políticas perfectibles no imperan sino que lo hacen los hombres impredecibles. EEUU y España no son la excepción al presidencialismo, pero pueden ser la excepción al totalitarismo; eso, si descubren qué hay detrás de candidatos camaleónicos: nosotros vimos tarde el rostro de quien hoy nos gobierna y lamentamos con creces vivir reprimidos por una nueva forma de totalitarismo surgido del “constitucionalismo”.

El peligro del camaleón

La manzana no cae muy lejos del árbol, a menos que se trate de política. En EEUU, la manzana de Hillary Clinton, siempre atada a un árbol demócrata moderado y más bien conservador, hoy toma distancia y busca alinearse con el ala más izquierdista del partido; eso, para recobrar el escaso terreno que su opositor más “extremista” Bernie Sanders, gana en las encuestas. Se distancia de las políticas que su antiguo aliado Obama, y actual marido Bill Clinton promueven, porque así lo dicta la opinión pública. El giro es inesperado e incongruente con su carrera política; la prueba de ello es que se opone a la Asociación Transpacífica, el tratado de libre comercio más grande de la historia que firma Obama con 18 países del pacífico, a pesar de colaborar con su creación. Si son o no correctas sus nuevas posturas, es un tema para debatir en ocasiones futuras; lo que sí queda claro es que la convicción política y la experiencia no son lo único que alimentan su campaña.

En el corazón de España, la situación política es diferente, pero el disfraz camaleónico tiene talla única y  Pablo Iglesias lo luce estupendo. El líder de Podemos, partido de izquierda radical que mantenía buenas amistades con los regímenes chavistas de Latinoamérica, hoy se pinta moderado. Tras el fracaso del partido en las elecciones autonómicas catalanas, Pablo Iglesias resuelve emprender un giro hacia el centro. La prueba fehaciente de ello es que esta semana rechaza una coalición con otro partido, Izquierda Unida, por considerarlo “muy alejado del centro político” al que quiere llegar en los siguientes meses. En España, ni el hombre con mayor convicción política que la audiencia creyó que vería en esta década, está dispuesto a ser consecuente con ideología y partido ante su ambición por alcanzar el poder.

¿Presidencialismo o el totalitarismo?

Ni Clinton ni Iglesias comparten origen geográfico o convicciones políticas, pero si tienen la misma audacia para detectar el momento de mudar de piel y ofrecer al electorado el discurso político que busca. A nosotros, Correa nos ofreció lo mismo, pero su voluntad de escuchar y no imponer, duró muy poco. Si un líder está dispuesto a comprometer aquellas políticas que defiende con supuesta convicción y firmeza para acercarse al poder en periodo de campaña, entonces las garantías de que no ocurra lo mismo a la hora de gobernar son escasas. Al camaleón presidencialista se lo reconoce con rapidez, al menos así lo demuestra el ejemplo de Clinton. No así al totalitario, como aprendimos con Correa. Lo que aún es incierto es cuál de estas dos criaturas es Pablo Iglesias; ojalá los españoles lo sepan antes de las elecciones generales el 20 de Diciembre. Mientras tanto, con cada nuevo cambio de piel, nuestra fe seguirá en declive inexorablemente.