Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Cristina, la principal derrotada

Ricardo Kirschbaum
Buenos Aires, Argentina

Mauricio Macri no solo logró el objetivo que se había planteado de llegar al balotaje con Daniel Scioli sino que quedó en los umbrales de la Presidencia.

Ricardo Kirschbaum
Buenos Aires, Argentina


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Mauricio Macri no solo logró el objetivo que se había planteado de llegar al balotaje con Daniel Scioli sino que quedó en los umbrales de la Presidencia.

La muy buena performance del candidato de Cambiemos en todo el país se sostuvo por el resonante triunfo que obtuvo María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires derrotando a Aníbal Fernández, el candidato de la Presidenta y de todo el kirchnerismo que lo había erigido en un ícono de la izquierda peronista y de los aliados de Nuevo Encuentro.

Scioli apostó a conservar el apoyo de los caudillos peronistas y mantener su fidelidad a Cristina y sus escuderos, quienes le marcaron los límites no solo de su discurso sino que le demostraron, en cada oportunidad, dónde estaba el poder y quién mandaba. Esta interferencia confundió a Scioli, que se inclinó por la creencia de que el electorado pedía continuidad. Y no cambios.

La lectura de los resultados de anoche –después de la exasperante demora en dar datos sobre la elección, signo inequívoco de que el oficialismo estaba en dificultades– muestra que una gran parte de la sociedad ha reaccionado contra el oficialismo votando a Macri y, en menor medida, a Sergio Massa.

La expresión electoral de ayer conmocionó a Scioli, quien en todos las encuestas estaba arriba con una cómoda holgura. Los exégetas del oficialismo anticiparon que iba a ganar en primera vuelta y Scioli ya estaba distribuyendo los cargos del gabinete. Uno de los equívocos fue confundir la campaña electoral con una interna en el oficialismo, manejando un difícil equilibrio entre las fuerzas que se disputaba el poder de su futura administración.

La artífice política de esta situación fue Cristina Kirchner. La Presidenta ha demostrado no tener ni la sensibilidad ni la astucia política de su esposo. En las grandes decisiones, por error de cálculo, por capricho o por desconocimiento, la pifió feo.

Empezó con el gravísimo error de elegir a Amado Boudou, rápidamente enredado en un escándalo de corrupción. Lo mantuvo contra toda prudencia y contra toda decisión de la Justicia. Siguió, en ese sentido, el consejo que les da Lula da Silva, ex presidente de Brasil, a sus visitantes argentinos: no entregar a nadie a la Justicia. Lo ha escuchado Scioli en su reciente visita a Brasil, donde el ex presidente y líder del PT está bajo fuego de los jueces.

Cristina, en su afán de eternizarse, no construyó su sucesión. Scioli, descalificado por el kirchnerismo, fue candidato y Cristina decidió rodearlo. Primero, maltrató a Randazzo, a quien había alentado para enfrentar al gobernador de la provincia de Buenos Aires como candidato del kirchnerismo puro. La Presidenta le pidió que sea el candidato a gobernador bonaerense. Y el ministro, en un acto casi inédito para el despótico estilo presidencial, se le plantó: no fue candidato a nada.

Entonces, Cristina tuvo la genial idea de lanzar a Aníbal Fernández, un político todo servicio, que había servido a Menem y a Duhalde, a quien abandonó apenas los Kirchner le dieron un lugar, con fuertes acusaciones en su contra. La mala imagen de Fernández no le importó a Cristina: lo que la Presidenta y La Cámpora necesitaban era una provincia desde donde controlar a Scioli y dar cabida a todo el kirchnerismo en el aparato estatal.
Los sectores más duros del oficialismo se encolumnaron detrás de Aníbal, deslumbrados por su lengua filosa, su facilidad para cumplir con las solicitudes presidenciales.

Pero Aníbal tenía un rechazo en el electorado bonaerense y en los propios intendentes que se convirtió en una mochila de plomo para Scioli. Ya quedó esto en evidencia durante las PASO.

Cristina creyó que si ella se metía de lleno en la campaña iba a traccionar sobre todo a Aníbal. El resultado fue una decepción y la derrota hay que anotársela, antes que a Aníbal, a la Presidenta. Fue su apuesta, su estratega y la mentora que tras 28 años el peronismo pierda en el distrito más importante del país.

Le ganó Vidal, en quien nadie creyó cuando fue designada. Pero resultó una verdadera sorpresa porque, más allá de la coyuntura política que puede haberla ayudado, fue ella la que impulsó a Macri a hacer una elección sorprendente en el distrito donde el oficialismo se creía imbatible y donde había invertido muchísimos recursos de todos los argentinos.

El discurso de Scioli de anoche, inaugurando la campaña del balotaje, pareció un discurso de la semana pasada. Repitió las consignas que había enunciado en el Luna Park. En vez de mostrar una apertura hacia los sectores que necesita para ganar la elección se encerró sobre sí mismo, tratando de interpretar un personaje de centroizquierda que claramente no le sienta.

Scioli es creíble cuando hace de Scioli, no cuando se transforma para encarnar lo que verdaderamente no es.

Para enfrentar el balotaje deberá replantear su campaña. El riesgo de perder es claro.

Massa hizo su contribución para que Scioli no se recuperara: su elección fue interesante y queda muy posicionado.

Macri hizo una muy buena elección, en alianza con los radicales (Ernesto Sanz puede mostrarse orgulloso de su acierto) Lilita y otras fuerzas menores. Se mantuvo fiel a una estrategia de mostrarse como el candidato que podía darle batalla a Scioli en la segunda vuelta.

El mismo debe estar, también, sorprendido por su propia elección. Un gran sector eligió a Macri para expresarle a Cristina el hartazgo con un estilo de gobierno y de hacer política.

Macri, es cierto, se empeñó por no confrontar con Cristina ni mezclarse en ninguna polémica intensa. El jefe de Gobierno cree que esa táctica le hace bien.

Pero la gente encontró en Macri un vehículo para ponerle límites o para terminar con la política oficial.

El 22 de noviembre, Scioli y Macri volverán a enfrentarse y se dirimirá quién será el Presidente.

Pero la gran derrotada de la elección se llama Cristina Kirchner.

* Ricardo Kirschbaum es Editor del diario Clarín, de Buenos Aires. Su texto ha sido publicado en Clarín.