Ecuador. Lunes 16 de enero de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

La rebelión en la granja

Maríasol Pons
Guayaquil, Ecuador

George Orwell debió ser un genio.

;aríasol Pons

Qué capacidad para poner elementos tan ciertos en una fábula – Rebelión en la granja- que hace recapacitar hasta al menos inteligente. La historia va de que un grupo de animales, inspirados por un gran cerdo visionario, se rebelan contra el dueño de la granja expulsándolo en una trifulca y deciden que serán, en adelante más dueños de sí mismos en una granja donde todos los animales serán iguales y que eso los llevará a una mejor calidad de vida.

Publicidad

Luego de que muere el visionario, el “Cerdo Mayor”, se forma una especie de gobierno con dos figuras principales, Napoleón y Snowball quienes sufren una constante pugna de poder. Se hacen públicos los mandamientos de la granja, algo así como que los animales no serán nunca explotadores como los seres humanos y de ahí se desprende el rechazo a toda conducta asociada con los humanos – representado en el Sr. Jones-

Los animales bajo el mandato de Snowball eran enseñados a leer pero pronto descubrieron que en general, tenían muchas limitaciones para el aprendizaje, los más inteligentes eran los cerdos y los perros, de tal manera que optaron por resumir que todo lo que anduviese en cuatro patas era bueno y lo que anduviese en dos era malo. Las ovejas fueron enseñadas a repetir incesantes esa premisa. Posteriormente Napoleón logra deshacerse de Snowball en una jugarreta sucia y de ahí en adelante va contraviniendo cada uno de los preceptos antes pregonados por él mismo. Tiene un aparato de seguridad de muchos perros que lo persiguen a donde va inspirando miedo. Así también, tiene a un grupo de cerdos que son los ejecutores de las nuevas políticas y se encargan de sus movidas propagandísticas dentro de la granja para lavar el cerebro a la mayoría y que acepten incondicionalmente las incoherencias.

Los mandamientos iniciales fueron cambiados para adaptarse a la nueva conducta de los cerdos que controlaban la granja como que en adelante era permitido que los animales durmieran en camas o que bebieran alcohol, la manipulación del precepto o la enmienda en el cartel publicado decía “dormir en cama con sábanas o los animales no podrán beber alcohol en exceso” (la cursiva representa el texto enmendado) Sólo algunos animales notaban los cambios que iban sufriendo los fundamentos ideológicos en la administración de la granja, pero Napoleón había instaurado el régimen del miedo y cuando se cuestionaba algún precepto o cambio entonces los mandados de tirano manipulaban a los animales invocando una perversidad absoluta del pasado en pro de aceptar cualquier cosa en el presente. En la granja se dieron asesinatos y abusos a los animales que representaran la mínima disidencia. Los animales sobrevivientes se limitaban a vivir el día a día, con un cansancio similar al que sufrían antes así como a la escasez de alimento, en función de la idea de trabajar para sí mismos y no para los seres humanos.

El cerdo Napoleón poco a poco contravino todas y cada uno de los mandamientos que habían iniciado la revolución en la granja. Tenía tanto tiempo en el poder y éste estaba tan oscuramente concentrado en la manipulación de la masa a través del tiempo que los animales ya no recordaban cómo era realmente el pasado y eso permitía el continuismo.

Finalmente, una noche, los animales ven caminar en dos patas a los cerdos que controlaban la granja; este hecho significaba la transgresión absoluta al principio que unía a aquellos animales y que justificaba todos los sacrificios hechos por los animales para incrementar la productividad

de la granja. Los cerdos bebían whisky, llevaban ropa de personas, comían el mejor alimento y no trabajaban en la producción de la granja apelando a un máximo sacrificio para administrar efectivamente los recursos de la misma, pues al ser más inteligentes que los demás, debían hacer un “sacrificio inmenso” y eso, decían ellos, les ameritaba un trato preferente.

La escena final de la fábula dice: “Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.”

Los cerdos y los perros se convirtieron en una clase que ejercía el poder con tiranía, dominaba con perversidad, intoxicaba el entorno social que sobrecogía, corrompía las ideas, anulaba la libertad y perjudicaba a todos los integrantes de la comunidad a plena vista de los animales a quienes representaban.

Publicidad