Ecuador. Sábado 27 de Mayo de 2017
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Ajuste del correísmo contra el pueblo

Héctor Yépez Martínez
Guayaquil, Ecuador

“Ajuste”, según el manual, es la receta negra de derecha.

Candidato del ajuste: así satanizaron a Mauricio Macri —veremos si con razón o no— en la reciente elección argentina. Ajuste es lo que practica el diabólico Fondo Monetario Internacional. Ajuste es el mantra del consenso de Washington, la pesadilla de Thatcher y Reagan, el emblema siniestro de la larga noche neoliberal.

Pero, si aterrizamos a la realidad del Ecuador, ajuste es lo que hoy practica Alianza País. Y lo hace en un contexto peculiar. Luego de dos trimestres seguidos de decrecimiento, Ecuador está técnicamente en recesión, junto a Brasil y Venezuela. ¿Coincidencia?

Empecemos por lo que el ajuste no es.

Lo ajustado no es el gasto en propaganda. Este rubro ya demandó más de 105 millones de dólares en 2015: casi el doble de lo que se necesita para dragar todo el río Guayas y proteger la principal zona agrícola del Ecuador. No debería sorprender: la propaganda es indispensable en la constante campaña electoral del correísmo, que apunta a sobrevivir en 2017 con o sin Rafael en la papeleta. Por ello, según diario Expreso, en 2016 el Estado invertirá 1.9 millones de dólares en el Ciudadano TV y 2.6 millones en el programa radial Habla Ecuador, luego de que El Telégrafo acaba de comprar el periódico El Tiempo en Cuenca por 1.5 millones. El ajuste no es para Freddy Ehlers, quien continuará sus viajes por el mundo con plata del pueblo predicando el —su— buen vivir. Se mantendrá no uno, sino dos aviones al servicio personal del Presidente. El gasto en burocracia aumentará en el presupuesto del 2016. Seguimos con un Ministerio Coordinador de Política Económica, que en realidad coordina solo a un ministerio: el de Finanzas. Seguimos invirtiendo en el Instituto Espacial Ecuatoriano, sobre el cual el mismo Ronny Nader no pudo identificar nada productivo hace pocas semanas en Ecuavisa.

El ajuste, por tanto, no es para el sector público. Rafael no se apretará la Correa, ni pondrá más Delgado a su gobierno.

El ajuste es para los ciudadanos. Se eliminarán subsidios: dicen que para los ricos, pero lo cierto es que reducir subsidios a las empresas encarece los productos para el consumidor, algo que puede ser necesario en general, pero resulta muy inoportuno en plena recesión económica. Por ejemplo, la eliminación de subsidios a combustibles encarece la producción de banano, que hoy lidera las exportaciones del país. Mejor era reducir esos subsidios cuando la plata del petróleo sobraba: entonces el impacto social habría sido mucho menor.

El ajuste es para la mayoría de municipios. En los grandes, como Quito y Guayaquil, no se sentirá tanto el golpe: ellos pueden maniobrar y tienen considerables ingresos propios. Pero en 197 municipios con menos de cien mil habitantes a lo largo del Ecuador, el 85% de los ingresos proviene del Estado central, según El Comercio. Recortar su presupuesto en 12% afectará las obras municipales, que suelen ser las más indispensables para el ciudadano, y golpeará las economías locales.

El ajuste es para los jubilados. Ante el suplicio en los hospitales públicos —en el campo los pacientes se quejan de que, sea cual sea su enfermedad, solo les dan Paracetamol—, la solución de Alianza País no es destinar más recursos al sector, sino obtenerlos metiendo mano al fondo de pensiones de los jubilados —al que ya le quitaron el 40% de aporte anual del Estado—, con lo cual no solo se arriesga a los actuales pensionistas, sino sobre todo a los jóvenes que hoy aportamos todos los meses al IESS a cambio de humo y promesas vacías, ya que se pronostica que en 2053 el déficit del fondo será superior a 208 mil millones de dólares, el doble de todo el PIB actual del Ecuador.

La lista podría continuar. Con vacas gordas cualquiera parece administrar bien. Pero ahora que se comieron toda la plata, las verdades se ven más claro: resulta que el “milagro ecuatoriano” era el alto precio del petróleo y que, en época de vacas flacas, la supuesta revolución socialista del siglo 21 al final del día es capaz de sacrificar a los ciudadanos para privilegiar el populismo, la propaganda y a los panas en la burocracia. El ajuste del correísmo es contra el pueblo. Cómo han pasado los años… y cómo no han cambiado las cosas.