Ecuador. Lunes 27 de Marzo de 2017
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¿Próspero 2016?

Héctor Yépez
Guayaquil, Ecuador

2015 fue uno de los años más difíciles —o el más— desde la crisis del feriado bancario que precedió a la dolarización.

La caída del precio del petróleo desnudó las debilidades del modelo político y económico del correísmo, que consiste en hacer girar toda la sociedad en torno al Estado y, a su vez, todo el Estado en torno a una persona: Rafael Correa. Un espejismo que solo podía mantenerse con la superabundancia de petrodólares y que se desvanece cuando, agotada la mayor bonanza de la historia del Ecuador, nos toca enfrentarnos a la dura realidad de depender de nuestras propias capacidades, virtudes y defectos como nación.

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Luego de despidos en siquiera el 30% de las empresas (según datos del Comité Empresarial Ecuatoriano), más retrasos a proveedores, desfinanciamiento del seguro social y abandono del agro en un sector rural que sufre 71% sin empleo adecuado, ¿qué depara el 2016?

A continuación algunas pistas:

Primero, en 2016 la situación económica por desgracia tenderá a empeorar, ya que el cambio abrupto de circunstancias en el 2015 —derrumbe del precio del petróleo y apreciación del dólar— parece convertirse en un escenario de mediano plazo —al menos— y no un bache transitorio, al punto que el ministro petrolero de Arabia Saudita, líder de la OPEP, vaticinó la victoria de las energías no renovables alrededor de los años 2040 y 2050 por encima de los combustibles fósiles. Sin embargo, el presidente Correa insiste en un modelo estatista y extractivista que es imposible mantener con vacas flacas. Ni en el presupuesto del 2016 ni en las señales políticas del oficialismo se advierte un giro hacia el sector privado —que incluye tanto al campesino como a la multinacional— o hacia la agricultura, cuya mayor zona de producción nacional es la cuenca del río Guayas, actual sostén de las exportaciones y la dolarización. El caudillo se resiste a rectificar y adaptarse. Los platos rotos los pagaremos todos.

Segundo, en 2016 se consolidará el declive político del correísmo. No hay caudillo sin derroche. Las últimas encuestas reflejan que la mayoría del Ecuador no apoya ni le cree a Rafael Correa y piensa que su manejo del país es equivocado. Una tendencia que se profundizará si continúa cayendo la economía.

Tercero, 2016 es un año electoral. Ante la huida de Rafael Correa a la reelección el 2017, Alianza País lucha por preparar a su Nicolás Maduro ecuatoriano. Lenin Moreno no ha confirmado su participación y el último spot navideño del oficialismo pareció ser el inicio de campaña de Jorge Glas. Por otro lado, hay que ver cómo se consolidan las alternativas de la oposición, hoy conformada por dos grupos amplios y al menos tres candidaturas personales. El primer grupo es la Unidad construida por líderes electos de las principales localidades del país, superando divisiones ideológicas: Mauricio Rodas (centro), Jaime Nebot (derecha) y Paúl Carrasco (izquierda). El segundo grupo sí es ideológico: la izquierda tradicional integrada por Pachakutik y el nuevo MPD, Unidad Popular. Ambos no confirman todavía quiénes liderarán sus binomios. Además hay varios candidatos individuales, que ya difunden el discurso de la “unidad con el pueblo” para justificar su decisión de participar solos sin importar las consecuencias: Guillermo Lasso, Álvaro Noboa y Dalo Bucaram. Esperemos que en el transcurso del año se aclare quiénes representan con mayor éxito una tendencia democrática que asegure una victoria electoral, de modo que las legítimas aspiraciones personales cedan a la sensatez por el beneficio del país.

Recesión económica, caída del correísmo y alternativas electorales serán los probables hilos conductores del 2016. Ojalá, en el camino, no se pierda de vista lo más importante, que es cómo consolidar un amplio consenso nacional en torno a un nuevo modelo social y económico para superar la crisis y mejorar la calidad de vida en el Ecuador.