Ecuador. sábado 21 de octubre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Obra eficiente y eficaz

Walter Spurrier
Guayaquil, Ecuador

Así tildó el presidente a la inversión pública de su gobierno.

Se refirió al flamante anillo vial de Quevedo, el control de inundaciones y las centrales hidroeléctricas.


Publicidad

La inversión ha sido abundante. En los siete años de dolarización antes de Correa, 2000-2006, el sector público invirtió $ 10 mil millones. En los últimos siete años completos de Correa para los que hay datos, 2008-2014 (2015 está incompleto), se invirtieron $ 67 mil millones, siete veces más. Esto, por los masivos ingresos petroleros y el agresivo endeudamiento.

Ciertamente hay importantes obras que es una gran cosa que existan. Pero como el dinero cuesta: los ingresos petroleros ya se esfumaron, y la deuda hay que pagarla, esta inversión debe rendir. La obra pública eficiente y eficaz permite a los privados crear riqueza, y los impuestos sobre esa riqueza generan ingresos fiscales para pagar la deuda e invertir en otros proyectos.

Con tanta mayor inversión, sería de esperar que las actividades productivas privadas tengan un mejor desempeño en los años Correa. Veamos.

En los tres primeros trimestres de 2015 (no hay datos para el cuarto), comparados a los primeros nueve meses de 2007, el valor agregado agrícola creció a un promedio anual de 2,7%, menos que 3,8% anual entre 2000 y 2006. El manufacturero creció 4,15% anual en 2007-2015 y 4,12% en 2000-2006, tasas idénticas. Invertir implica construir, y en 2007-2015 la construcción creció un saludable 7,6%. Pero la expansión de la construcción fue mayor en 2000-2006, 9,9% anual.

No se detecta beneficio en la producción, pese a la descomunal inversión.

Algo se hizo mal para tener tan deslucidos resultados. Hay tres factores que pueden haber incidido, aunque no sabría cuál pesa más:

-Una alta proporción de proyectos inadecuados: más de $ 3 mil millones en la Refinería del Pacífico, terminal de Monteverde y la refacción de Esmeraldas, y el país no tiene mejor oferta de combustibles.

Se construye de cero la universidad de investigación Yachay, cuando Espol y Espae podrían lograr lo mismo con menos inversión.

Se anuncia la importantísima carretera Quevedo-Santo Domingo, pero recién en el décimo año de gobierno cuando ya no hay plata. No se hace la Guayaquil-Machala. Pero se construyeron estupendas carreteras de concreto en rutas sin tráfico.

Quizá la obra económicamente más rentable es el dragado de los canales de acceso al puerto de Guayaquil, para lo que se cuenta con fondos recaudados de los usuarios; pero las autoridades obstaculizan la obra. En cambio, se construyen terminales aeroportuarias en Macas y Santa Rosa.

-Costos excesivos, al contratarse sin concurso y con financiamiento. Sube la tarifa eléctrica industrial para poder servir la deuda de la construcción de las centrales hidroeléctricas. El aeropuerto de Tababela se conecta con Quito por la Ruta Viva, pero como el alcalde de Alianza PAIS hizo el aeropuerto sin vías de acceso, se construyó urgentemente otra vía: Collas, hoy redundante. Son 11,7 kilómetros y costó $ 198 millones.

-Políticas públicas que desalientan la inversión. Lo que sería el mal menor, ya que con un nuevo gobierno que ponga reglas claras, la inversión privada se apresuraría a aprovechar la nueva infraestructura. (O)

* El texto de Walter Spurrier ha sido publicado originalmente en el diario El Universo.