Ecuador. martes 17 de octubre de 2017
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En Ecuador, la dignidad no se toca, se trastea

Martina Vera
Madrid, España

En Europa, toda clase política sabe que existe una regla de oro inquebrantable para garantizar el bienestar social y su supervivencia política.

Martina Vera

¡Las pensiones no se tocan! Países como Grecia, España, Portugal e Italia, sumidos en crónicas crisis económicas siguen las pautas de recortes de la Unión Europea a rajatabla, pero se oponen tajantemente a tocar las pensiones de sus jubilados. Ecuador en cambio, es la antípoda a una reflexión necesaria y proba.  En tiempos de asfixia económica el gobierno del país quebranta aquella regla, a pesar de proclamarse socialista y presumir de albergar estándares morales ejemplares. En plena crisis, el estado trastea las pensiones para reunir unos cuantos dólares, perdiendo así la poca noción de la moral que albergaba, pero obrando también como kamikaze de su propio proyecto político.

La lógica de las pensiones intocables


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La lógica de las pensiones intocables es sencilla y proba: en un estado en el que varios cumplimos con nuestras obligaciones fiscales, sin que aquello nos otorgue garantías fiables de acceso a oportunidades educativas y laborales básicas, aspirar a un trabajo de ensueño o salario digno es inasumible. El único sueño que entonces albergamos es el de vivir una vejez digna y permitir que el dinero que ganen nuestros hijos lo inviertan en su educación y desarrollo para romper el círculo vicioso del estancamiento social. Esa necesidad es aún más imperiosa a sabiendas de que históricamente se emplean nuestros recursos para cometidos personales de algún astuto. Sin embargo, se ignora en época de crisis.

Aún bajo las condiciones adversas que vive la economía ecuatoriana que, de paso, el estado maquilla sistemáticamente con dialogo social, debates televisivos ensayados y propagandas con cenitas navideñas con el presi, la dignidad de las personas no se toca; mucho menos por unos cuantos dólares que no resuelven problemas a largo plazo, sino necesidades inmediatas. Esa reflexión la hacen tanto amigos como rivales de la ideología oficialista ecuatoriana. Lo saben allegados ideológicos como Syriza, partido que gobierna una Grecia en estado de crisis humanitaria. Lo saben los antihéroes de la crónica correísta, como el Partido Popular de derecha absoluta en España, país que alberga más de 20% de desempleo. Sorpresivamente, también lo saben quienes gobiernan nuestro país, en crisis, aunque no den cuenta de ello.

Llaman uno por uno a los bolsillos

Uno por uno, el oficialismo en Ecuador toca los bolsillos de distintos grupos de contribuyentes cuyos fondos albergan la liquidez que el estado busca, pero que difícilmente mitigará aun mínimamente los efectos de una severa crisis estructural. Esta semana el turno de trasteo le llegó al Instituto de Seguridad Social de Las Fuerzas Armadas que no solo se extiende a beneficiarios, dependientes y derechohabientes, sino también a pensionistas. Si quienes hurgan monedas son conscientes de la humillación e injusticia social que cometen, ¿por qué la consienten? Seguramente porque se saben más acorralados de lo que el resto imaginamos o conocemos.

¿Justicia social?

Consciente de que la gravedad de la crisis en Ecuador trasciende la imaginación, evoco al verano del 2015 en el que Grecia vivó absoluto estado de emergencia económica con dos semanas de corralito, pero a pesar de ello se negó a sustraer márgenes de las pensiones para salir de sus apuros financieros. En aquel entonces ese estado no concibió que el pueblo siguiera saldando los errores de la clase política y aun hoy negocia reformas de las pensiones lo más leves y dignas posibles. Aquella situación me recuerda lo poco que vale nuestra dignidad ante los ojos de este gobierno -no únicamente toca pensiones, sino que lo hace sin previa consulta- y lo efímero que fue su idilio con la dignidad, la justicia social y el socialismo.