Ecuador. Sábado 29 de Julio de 2017
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Lo elemental no es reforma

Martina Vera
Madrid, España

Hace no mucho tiempo desempaqué en un País que atravesaba la crisis más grave de su historia: España.

Martina Vera

Me juré nunca volver a emprender una hazaña similar. Irónicamente, la semana que viene, la repito. Desempaco en Ecuador. Sin embargo, en esta ocasión, siento que desembarco de la nave de Dr. Emmet Brown y regreso del futuro, tras 6 años de observar a España, para advertir que la tormenta en Ecuador apenas empieza. Partiendo de esa experiencia, cuestiono también que en Ecuador quienes pueden contener el caos económico asuman el desgaste político que esa hazaña supone.

¿Reforma o edificación?


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El primer dejavú en mi país se resume en dos palabras: Reforma Laboral. La frase mas repetida por las figuras políticas españolas en época de crisis y la misma que plaga los titulares de la prensa ecuatoriana hoy. La diferencia, sin embargo, radica en que en España la frase se refería a la reforma de la Ley Laboral, mientras que en Ecuador se adscribe a la edificación enviada como un proyecto urgente a la Asamblea para combatir el desempleo. Eso es así, dado que las “reformas” en cuestión son tan básicas y necesarias que es inverosímil que lleguen con tal retraso. ¿Qué es lo elemental que suponen?

La Reforma Laboral que contempla la Asamblea Nacional, se propone, entre otros asuntos, destinar un 1% aporte del trabajador para ser seguro de cesantía a un fondo de ahorro que permita disponer de un sueldo a quien permanece sin empleo durante un periodo determinado. La reforma también aspira a incentivar la contratación juvenil, eximiendo de los gastos de la Seguridad Social al empleador que contrate personas entre los 18 y 24 años. Así mismo, permite –de manera cuestionable si se invoca a los artículos 327 y 328 de la Constitución- aplicar una jornada laboral reducida de 6 horas diarias con una compensación a la medida, para evitar el despido.

Tardío e insuficiente

Las aristas de una Reforma que apenas hoy se edifica con pilares básicos, genera malestar a quien sabe que no se puede catalogar de tal cosa a proyectos que llegan tarde y mal. Llegan tarde porque quienes no han destinado el 1% de su salario al ahorro no contarán con un colchón necesario para sobrevivir a los despidos masivos que genera la crisis. Llegan tarde porque los jóvenes que han invertido en su educación y buscan empleo, simplemente no serán contratados cuando se reduzcan plantillas y sobren otros con mayor experiencia dispuestos a trabajar por menos. Llegan tarde porque la jornada reducida, si bien podría traducirse en menos despidos, de todas formas significará un recorte salarial a trabajadores con hipotecas y deudas que ahora deben además mantener a sus hijos desempleados. Llegan mal porque son insuficientes y las diseña un gobierno desacreditado, que ya no genera confianza dentro ni fuera del país.

¿Cómo es posible que lo elemental llegue tarde y mal en un gobierno que se autodenomina revolucionario? Supondría que es posible porque quienes legislan no quieren, o no pueden afrontar mayor desgaste político, aunque este sea necesario para contener una crisis que pudieron prevenir y sus efectos, atenuar. Siendo ese el caso, si quien alimentó la hoguera da un paso atrás, ¿quién pone las manos al fuego por nosotros?