Ecuador. lunes 23 de octubre de 2017
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Marina y María José: ni machismo ni feminismo

Cristina Valverde Johnson
Guayaquil, Ecuador

Ante el trágico asesinato de Marina y María José en Montañita no se hicieron esperar los comentarios machistas y feministas, ambos (al creerse superior al otro) intentaron culpar al sexo opuesto.

Lo cierto es que los culpables son, sin excusa ni justificación, los asesinos, y la justicia impondrá su pena aunque esto no le devuelva la vida a sus víctimas (y menos reduzca la tasa de asesinatos y violaciones). Los asesinatos motivados por violencia sexual suelen ser crímenes pasionales, donde poco importa al perpetrador si la condena es de 15 años, 25 años o cadena perpetua. ¿Cómo erradicar entonces la violencia sexual?


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Una de cada 4 mujeres en Ecuador ha sufrido de violencia sexual, de acuerdo al INEC. Estas cifras son alarmantes y exigen que todos (hombres y mujeres) como sociedad trabajemos juntos en la lucha para erradicar estos crímenes. Tarea que no es fácil, pero sí posible y necesaria.

Lo fundamental es un cambio de mentalidad: dejar de tratar a las personas como objetos. La visión mercantilista y hedonista de la persona es la que permitió situaciones inhumanas como la esclavitud, el holocausto, el sometimiento de la mujer, el trabajo infantil, el trabajo indigno, entre otros. Aunque ciertamente hemos avanzado, sigue imperante en nuestra cultura una visión utilitaria del prójimo, reduciendo a la persona a un simple objeto de satisfacción o de placer.

¿Qué le enseñamos a un niño que crece viendo a la sociedad tratar a las mujeres como objetos? Desarrolla su mentalidad en una cultura que acepta e incluso incentiva la objetivización de la mujer, manifestada en fenómenos como la pornografía, y la prostitución.

La pornografía, por ejemplo, no sólo enseña conductas sexuales, sino también la actitud que se tiene con las mujeres. Estudios demuestran que hombres que consumen pornografía, especialmente donde hay violencia, tienden a creer que las mujeres sienten placer en una violación, que es lo que quieren, porque aunque parezca increíble, la pornografía ha convertido a la violencia sexual en algo “sexy”.

Estudios de William L. Marshall, psicólogo y psiquiatra canadiense especialista en el tratamiento de agresores sexuales, concluyen que el 83% de los violadores consumían significativamente más pornografía que los no delincuentes. Otro estudio, de la Dra. en sociología Janet H. Shope, establece que la pornografía aumenta las probabilidades por un factor de casi dos de violencia doméstica, y al combinar pornografía y alcohol se aumenta las probabilidades por un factor de tres.

Por otra parte, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito afirma que el 79% del tráfico de personas tiene como objetivo la explotación sexual. La prostitución es considerada la forma más importante y rentable del comercio sexual donde la magnitud del drama humano es impresionante. En un estudio, Melissa Farley, PhD, expone los siguientes datos: entre el 70% y el 90% de las prostitutas sufre de violencia física, entre el 60% y el 75% ha sufrido una violación entorno a la prostitución, y el 89% quiere abandonar la prostitución. Como todo negocio, mientras existan los clientes y la demanda este tipo de explotación sexual seguirá funcionando.

Madres, padres, educadores, todos estamos llamados a romper este círculo de violencia con una correcta educación de la afectividad y sexualidad bajo un principio fundamental: las personas tienen una dignidad inherente que vuelve inhumano el que sean tratadas como objetos. Luchemos por un cambio real y duradero, atendiendo la raíz del problema, para de esta forma erradicar la violencia sexual en nuestra sociedad. Nuestros principales aliados: la educación y el ejemplo.