Ecuador. Sábado 22 de Julio de 2017
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Los comentarios de Margaret

Juan Carlos Díaz Granados
Guayaquil, Ecuador

En mayo del 2007 un presidente socialista declaró: “a mí no me interesa la plata (dinero), si quieren puedo donar esa plata, aunque mi principal deber es darle seguridad a mi familia”.

Se refería a cientos de miles de dólares que obtuvo durante su mandato como consecuencia de un fallo judicial a su favor por daño moral.  El dinero fue depositado en Alemania.


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Después leí que la presidenta socialista de una asamblea compró una vivienda de trescientos ochenta mil dólares en un barrio pelucón.  Al explicar esta contradicción, solicitó respeto a su forma de vida.

Estamos de acuerdo con los argumentos que ambos servidores públicos usaron para justificar sus actos.  Los individuos tenemos derecho a administrar nuestro dinero con libertad.  Siempre y cuando tenga origen lícito.  El inconveniente, según Margaret Thatcher, es que los socialistas tienen la arrogancia de creer que pueden planificar mejor la vida de todos, pero cuando se les pregunta sobre cómo podríamos distribuir equitativamente sus bienes, el socialismo o el comunismo no es aplicable para ellos.  Ellos son expertos administrando los bienes de terceros.  Les resulta intolerable que alguien les haga notar que no respetan las mismas reglas que exigen a los gobernados.

Es por eso que el socialismo fracasa cuando se acaba el dinero de los demás, decía la Thatcher.  Prueba de aquello son los resultados económicos obtenidos por todos los países que estaban tras la cortina de hierro, Cuba y Venezuela.  Fueron grandes expropiadores de actividades productivas, que solamente lograron que sus pueblos vivan escasez.  Los ingleses también perdieron control sobre algunas de sus colonias en América por elevar los impuestos.  Existen muchos ejemplos en la historia de gobiernos que cayeron por no obrar en favor de sus súbditos o mandantes, según el caso.

La fórmula para salir adelante radica en crear un ambiente de libertad a largo plazo que permita que los negocios prosperen y generen nuevas fuentes de trabajo.  Promover reglas cambiantes que tienden a favorecer a los gobernantes o se basan en ideología, genera incertidumbre en el comercio.

El Ecuador es número uno en banano, camarón, flores.  También está en los primeros lugares de atún y cacao a nivel mundial.  La exportación de estos productos no nació de una matriz productiva.  Lo contrario.  Provienen de emprendedores visionarios que arriesgaron.  Como recompensa, el Estado se ha dedicado a martirizar a estos empresarios con tramitología excesiva, mayor presión fiscal, leyes laborales inflexibles y restricciones al libre comercio.  Cuando lo único que tenía que hacer era convertirse en facilitador.  Es asombroso que estos productos ocupen un sitial importante en el mercado mundial sin apoyo estatal.