Ecuador. lunes 23 de octubre de 2017
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ISIS, el cuarto jinete del apocalipsis

Mario R. Pazmiño S.
Quito, Ecuador

Dos hechos históricos marcan el aparecimiento de ISIS o el Estado Islámico, la súper estructura terrorista global.

El tratado de Sykes-Picot, firmado por Francia e Inglaterra en 1916, en donde se dividen las fronteras entre Siria e Irak, sin respetar la distribución de la población y sus creencias religiosas; y, sin dudarlo, la invasión estadounidense a Irak y la imposición de Occidente de un gobierno chiita, lo que nunca fue aceptado por la mayoría sunita, que constituye el 85% de la población. Estos dos momentos delimitan la zona geográfica donde desarrolla las operaciones el grupo terrorista y explica el apoyo de la población a la causa del Estado Islámico. La consecuencia: el punto de inflexión de las relaciones entre Medio Oriente y Occidente.


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ISIS nació como un pequeño grupo terrorista en 1999 con el nombre de Jama’t al-Tawhid wal-Jihat. La organización del Monoteísmo y la Jihat (Guerra Santa) participan activamente contra la invasión estadounidense a Irak y se constituyen en aliados de Al-Qeada en este país. Por sus métodos de combate no convencionales y lo sanguinario de sus procedimientos de ajusticiamiento, estas dos organizaciones se separan, dando origen a su nombre actual.

El Estado Islámico propone la creación de un califato bajo la concepción teológica sunita – salafista que aglutine a todos los musulmanes en el mundo. Su máximo líder y comandante, Abu Bakr al-Baghdadi, se autoproclamó como el próximo califa que regente a su pueblo, luego de que ha pasado cerca de un siglo en que Oriente Medio no ha tenido un califato. El último data de la época del Imperio Otomano (1517-1924), de orientación sunita y que fue abolido por Turquía en 1926.

El Estado Islámico (EI) tiene como objetivos inmediatos el control de Siria e Irak, países donde su presencia y su accionar terrorista son permanentes. La toma de las principales ciudades como Mosul, Falluja, Tikrit, Baiji, Al-Sharqat, Tal Afar, Al Qaim, Rawa, Haditha en Irak y Jarablus, Al Bukamal, Manbij, Al Bab, Raqqa en Siria, entre las más importantes, no solo constituyen conquistas estratégicas en su denominada guerra santa, sino también la fuente principal de su abastecimiento logístico, de armas, pertrechos y recursos económicos. Todos los bancos y depósitos de armamento de las ciudades ocupadas han pasado a engrosar la capacidad operativa de ISIS.

El Estado Islámico es considerado a nivel global como el grupo terrorista más rico del mundo y se estima, según fuentes iraquíes, que sus fondos son de aproximadamente 2000 millones de dólares. Esta capacidad económica le permite reclutar mercenarios o simpatizantes para su lucha armada. Del total de 25.000 hombres que tiene en armas combatiendo en Siria e Irak, 4000 son extranjeros de países como EE.UU., Francia, Reino Unido, Japón, Chile, Argentina, por citar solo unos pocos.

Este nuevo califato no solo se ha quedado en Medio Oriente, ha realizado alianzas con grupos afines como el islamista Boko Haram, que sella el avance de EI en África Occidental y otros grupos afines de Argelia, Libia y Egipto, para consolidar su posición en el norte de África.

Isis ha generado un clima de inseguridad global permanente, sus actos de terrorismo y sus apariciones en ajusticiamientos han conmocionado al mundo. No ha existido país que se libre de su maquinaria de destrucción y terror, demostrando que sus células dispersas en el mundo están en capacidad de vulnerar todo sistema de control estatal y que las reacciones gubernamentales están muy por debajo de sus acciones terroristas.

El mundo se prepara para recibir al cuarto jinete de la apocalipsis con devastadoras consecuencias, donde la guerra convencional se quedó en los libros, para dar paso a la guerra asimétrica cuyo objetivo es crear una sociedad temerosa, insegura y un estado incapaz de brindar protección.