Ecuador. Lunes 23 de enero de 2017
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El humano Macri

Antonio Villarruel
Quito, Ecuador

El jueves 22 de octubre del año pasado se reunieron en el Centro Cultural Kirchner (CCK), en Buenos Aires,  los miembros y simpatizantes de la agrupación Abuelas de Plaza de Mayo, que conmemoraron el 38 aniversario de su fundación y recordaron que, gracias a su trabajo, se restituyó la identidad de más de 117 nietos que fueron secuestrados por la dictadura de Videla.

Exactamente cinco meses y un día más tarde, Mauricio Macri reabría el  CCK ofreciendo una cena en honor de Barack Obama. No creo que se haya olvidado que fueron los Estados Unidos los que orquestaron la toma del poder militar en Argentina y que Henry Kissinger, secretario de Estado estadounidense en 1976, tenía conocimiento del genocidio que estaba emprendiendo el ejército.

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Es bastante probable que, como se teme o se festeja, la llegada de Mauricio Macri al poder en la Argentina signifique el giro definitivo de la política latinoamericana hacia la derecha, o más bien hacia ese híbrido al que estamos acostumbrados al menos desde los años sesenta: el acercamiento diplomático y militar con los Estados Unidos, el solapamiento de las responsabilidades de los gobiernos militares en la región, la entrega de poderes a la Iglesia Católica, la retirada del Estado hasta en sus responsabilidades más básicas y la recuperación del discurso de que todo país tercermundista, para prosperar, necesita abrirle las puertas sin miramientos a la inversión extranjera directa.

En eso el gobierno de Macri ha actuado de manera previsible. Quizás demasiado previsible. No se ha molestado en apartarse un centímetro de su guion. La imagen del ingenuo y bonachón empresario que a Durán Barba le costó construir para que subiera en apenas un año desde el 13% de aceptación hasta la Casa Rosada se ha ido sedimentando y, en su lugar, el agresivo estratega empresarial y sus asesores han ido macheteando al menos ocho años de aciertos en materia social que el gobierno kirchnerista supo crear.

Un caso que sirve como ejemplo de esto es el del recorte del Centro Cultural Kirchner y el de la Biblioteca Nacional Argentina, a cuya cabeza colocó a Alberto Manguel, un intelectual que desde hace décadas no vive en Argentina pero frecuentaba los lugares de adulación canadienses y franceses, y a quien no le molestó que se echaran a cientos de personas de estas dos instituciones que, más allá de los excesos demagógicos del kirchnerismo, actuaban como aglutinador del conocimiento y las expresiones culturales latinoamericanas. Creo que no me equivoco al señalar que el trabajo del CCK durante los pasados años fue, sencillamente, formidable, como fue la vigorización de la Televisión Pública Argentina, y su distanciamiento de la telebasura. No obedecer a las leyes de mercado le permitió producir programas de música latinoamericana, generar un circuito de cine de este continente, recorrer con sus cámaras el país del Cono Sur, sus lugares más remotos y dejados al olvido. Llegó Macri y en cuestión de pocos meses todo ese esfuerzo por visibilizar lo que se pensaba y articulaba en América Latina pasó a ser gasto superfluo.

Sin embargo, probablemente sí hubo un distanciamiento del manual de actividades que todo presidente como Macri debe acatar. Y es que de pronto, sin mediar demasiado tiempo, Macri se subió al barco de la defensa de los derechos humanos. Señaló que no censurará a quienes protestan en contra suya y se rasga las ropas ante la injusta y contraproducente detención de Leopoldo López en Venezuela. Y con ese argumento, se alejó de Telesur, canal que cofinanciaba, con sede en Caracas.

Sin embargo, la retórica del nuevo defensor se cae al piso. No se necesita ser un privilegiado para evidenciar que la defensa macrista de los derechos humanos es una mentira, como poco siniestra. El 31 de enero de este año, la Policía Federal y la Gendarmería balearon a vecinos en medio de una murga en una villa bonaerense. El saldo: 16 menores heridos. En diciembre, apenas posesionado, se acogió a la herramienta del gobierno por decreto, es decir que sus decisiones no necesitan pasar por la aprobación legislativa. El 16 de enero se detuvo a Milagro Sala, diputada del Parlamento del Mercosur y líder de la agrupación Tupac Amaru. Fue detenida, acusada de “sedición”. A partir del primero de febrero, las tarifas de electricidad subieron hasta en un 500%. Eso sin contar que el día 23 de diciembre, a través de una argucia legal, Macri liberó a cinco policías sobre los que pesan delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Telesur no es perfecto, pero no es más sesgado que Clarín, el diario que festeja la llegada del presidente que defiende los derechos humanos. El día siguiente de la balacera de la villa, este cotidiano titulaba: “Dos gendarmes fueron baleados durante un operativo en la villa 1-11-14”. No mucho después aparecieron filmaciones de dirigentes barriales intentando convencer a los policías de no disparar a la población.

Con este defensor, más vale que no te defiendan, pienso ahora.

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