Ecuador. Domingo 26 de Marzo de 2017
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Tapando el sol con un click

Marco Bustamante
Nueva York, Estados Unidos

A las 6.30 de la mañana de este lunes 4 de marzo, me llamó la atención la noticia con la que abría el diario boletín electrónico matinal del New York Times: “Información Filtrada de Firma Legal Panameña Detalla las Cuentas Opacas Asociadas a Líderes Mundiales.”

Es interesante que, hasta ahora, esta filtración no comparte el cuestionado estilo Wikileaks, que Mario Vargas Llosa condenó como manifestación de la actual civilización del espectáculo, por su indiscriminada forma de salvar la brecha y divulgar lo obligatoriamente privado. La formación de compañías pertenece al dominio público.

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Los papeles de Panamá son diferentes. Aquí, algún informante –un whistleblower, en parlancia anglosajona- cuyas ulteriores intenciones se desconocen aún, pero que no pidió dinero sino ciertas medidas de seguridad únicamente, filtro, tal vez hackeando, 11.5 millones de documentos pertenecientes a la firma legal panameña Mossack Fonseca, a un diario alemán. Este la compartió con una agrupación transnacional de periodistas de investigación, quien, a su vez, la diseminó a varios medios de comunicación mundiales.

Se trata, como medio mundo lo sabe ya, del “Estilo de Vida Económico de los Ricos y Famosos”, desde políticos hasta narcotraficantes. De cómo estos se sirven de firmas legales para formar compañías opacas en paraísos fiscales, a fin de salvaguardar dinero y propiedades del alcance imponible de sus gobiernos, y, en buena parte, evitar (¿o evadir?) impuestos.

Es tal la beneficencia lograda, que no veo conflicto ético serio en la denuncia del affaire Panamá. Desconozco los entresijos legales alemanes o panameños, pero aquí en los Estados Unidos, la ley no solo que protege, sino que al hacerlo, las urge y estimula: los whistleblowers reciben generosas recompensas económicas por sus esfuerzos al concluir los juicios. El destape panameño me recuerda más el caso, en los setenta, de Daniel Ellsberg, el analista del Departamento de Estado norteamericano, que, frustrado por la duplicidad gubernamental sobre el verdadero descalabro en vidas y tesoro que era la guerra de Vietnam, entrego al Washington Post y al New York Times los secretos Papeles del Pentágono.

La diferencia entre los setenta y el presente, es, por supuesto, el internet, esta “bestia negra” de millones de cabezas y ninguna, que pulula en nuestro día a día. Nos ofrece una puerta proteica sin paralelo con información que es tan buena, mala o mediocre, como mediocre, malo o bueno es el portal que consultamos para informarnos. Y parece decisivo, hasta ahora, que la información proveniente de Panamá tiene una excelente denominación de origen.

¿Cuán importante es el internet? Mossack Fonseca sabía lo que hacía y tal vez intuía lo que al fin y al cabo estaría por venir. Y contrató, ya en el 2012, cuatro años antes del escándalo, según el diario online español El Confidencial, uno de los divulgadores del notición, a una compañía gestora de reputación online, a fin de purgar de internet cualquier registro negativo relativo a la firma legal que contuviese palabras como “lavado de dinero, lavado de activos, evasión fiscal, fraude fiscal, delito, tráfico de armas, money laundering, tax evasion, tax fraud, dirty money, scandal, escandalo”. (Usted puede contratar a una por 300 dolares.) Las investigaciones continuarán. Y Mossack Fonseca –además de, por supuesto, la mas de una centena de implicados — son inocentes hasta demostrar lo contrario. De lo que no hay duda, es que, aquí y ahora, la firma ha aprendido de la manera más dolorosa y menos discreta, ellos que se preciaban de su bajo perfil internacional, que es mala inversión y que no es posible pretender tapar el sol con un click.

  • Marco Bustamante es médico y periodista. Columnista de la Revista Vistazo durante la década de los ochenta, actualmente reside en Nueva York, donde ejerce la medicina.