Ecuador. martes 21 de noviembre de 2017
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Ahora que se vino el chuchaqui, nos hace falta preguntar

Cristina Villagómez
Quito, Ecuador

Hace diez años Rafael Correa era un joven con ojos claros, palabras esperanzadoras, menos panza y más pelo.

Cuando esa nueva promesa política surgía, nos hablaba de revolución con una calma y mesura que añoramos. Los corazones de muchos parecían derretirse con mayor rapidez que la de una pastilla de Alka-Seltzer en agua cuando en el 2007 ese joven, que todavía usaba la Banda Presidencial, anunciaba en la Mitad del Mundo el comienzo de la “nueva historia” del Ecuador, una historia de dignidad, soberanía y justicia. Entre la euforia y el carisma del reluciente presidente, muchos pasamos por alto aquellos fragmentos de su discurso en los que anunciaba cuales eran sus nuevos enemigos: el poder político, del que ahora goza, el poder económico, que ahora le hace falta, y los medios de comunicación opresores, que, en buena medida, fueron sus primeros promotores.


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Aunque mucho menos agresivo, Rafael Correa ya vino anunciando sus objetivos desde antes de ser presidente. El quid de la Revolución Ciudadana ya estaba dicho antes de que esta iniciara. Por ahí dicen que guerra avisada no mata gente, no obstante cuenta la leyenda que muchos ecuatorianos nos tapamos los oídos con los dedos índices y obviamos el anuncio. Fue eso, o simplemente que cuando hay ojitos lindos y palabras alhajas nos hacemos los locos.
Tal parece ser que entre los múltiples talentos de los ecuatorianos no se encuentra el preguntar más. Nos ofrecieron refundar la Patria y todos aplaudimos sin preguntar cómo lo harán. Nos ofrecieron no claudicar en sus principios y todos lo aceptamos sin preguntar cuáles principios. Nos ofrecieron no parar la lucha y fervientes nos enlistamos sin preguntar qué lucha.

Nueve años han transcurrido y no hemos aprendido la lección. Nos dejamos llevar por ese oleaje hipnotizador de carisma y promesas eufemísticas sin medir la altura de las olas o la difuminación generada por el eufemismo. “Ya tenemos carreteras”, claro, ¿cuándo costaron? “Ya tenemos Constitución de 300 años”, ¿alguien la leyó? Ya la reformaron, ¿no? “Rafael, Contigo Siempre”, ¿para siempre? ¿En serio? “Vamos a vender activos del Estado”, ya pues, ¿a quiénes y en cuánto?

Se viene la privatización de activos, la venta de activos estatales, eso a lo que muchos verde-flex llaman movidas del macabro neoliberalismo –cabe recalcar que el neoliberalismo no existe. Por su puesto, esta venta de activos tendrá un nombre revolucionario, se me ocurre algo parecido a: “Liberación Solidaria de Bienes de la Patria en Función de Revolucionar Manabí, no de Seguir Pagando la Sabatina”. Así, como para no hacer obvio que se está persiguiendo la muy necesaria y muy odiada, por los revolucionarios, privatización.

Entre estos bienes que se venderán están: Banco del Pacífico, CNT, FLOPEC, Sopladora. La necesidad de liquidez actual ha logrado que el gobierno ecuatoriano claudique sus principios socialistas contrarios a la privatización. Esta es una medida que, personalmente, aplaudo, sin embargo, después de todo lo dicho, creo que es momento de preguntarnos: ¿a quién venderán estos bienes? ¿En cuánto se venderán? ¿Cómo se harán los contratos? ¿Cuánta cuota de demagogia y retórica se le incorpora a la negociación y venta de los activos?

Después de nueve años de farra, ha llegado el chuchaqui y se vino con fuerza. En honor a la experiencia, les invito a formar parte de los inquisidores que estaremos preguntando cómo lo van a hacer, cómo vamos a salir de este hoyo, a dónde vamos a salir. Este mandato está llegando a su fin, llegó el ocaso, no dejemos que oscurezcan el amanecer. Vamos a preguntar y exigir respuestas, en esta trinchera nada es obvio y nada está dicho. Si ya se tragaron y bebieron la plata, deberíamos hacerles el favor de evitar que pequen por gula. #Yoquierosaber a quién y en cuánto se van a vender los activos estatales. ¿Y tú?