Ecuador. Viernes 24 de Marzo de 2017
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Ex nuevo rico

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Guayaquil, Ecuador

Por varios años el Gobierno se paseó como el nuevo rico del barrio.

Se compró un auto de lujo y una tele de 80 pulgadas, amplió su casa, viajó por el mundo entero, envió a sus hijos a los mejores colegios, contrató chef, mayordomo, masajista, chofer y todo un ejército de empleados y cada fin de semana armaba una gran farra con champagne y fuegos artificiales hasta las cinco de la mañana.

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Pero entre tanto gasto y tanta farra un día se le acabó la plata. Las tarjetas de crédito reventaron. Y nuestro vecino pasó de nuevo rico a ser ese que no acepta su nueva situación económica y pretende seguir viviendo como en los buenos tiempos. Se niega a enfrentar sus deudas. Le debe plata a su familia, al colegio de sus hijos y a medio barrio. A sus empleados los tiene cuenteados hace meses que ya mismo les pagará. Eso sí, que no le hablen de vender su televisión ni mudarse a un apartamento más pequeño. Y claro, tiene la desfachatez de seguir paseándose en su flamante carro con asientos de cuero.

Hace poco nuestro vecino sufrió un accidente. Todo el barrio acudió a ayudar. Le pagaron el hospital, los médicos, la rehabilitación. Y nuestro amigo, tan malagradecido y tan sabido, aprovechó para pedirle más plata a todos a ver si así paga algo de sus deudas y consigue más préstamos para armar una nueva farra este fin de semana.

El Gobierno no afloja su auto de lujo ni su mayordomo. Pero es aún más descarado que nuestro vecino. No nos pide plata prestada. Nos apunta con el arma de nuevos impuestos para quitárnosla a la fuerza.

La ayuda por el terremoto ha llegado del mundo entero. El gerente de Seguros Sucre ha indicado que las empresas y bienes públicos afectados están protegidos y cubiertos. El Gobierno tiene acceso a varías líneas de crédito de organismos internacionales para la emergencia. Pero eso no es suficiente. Necesitan plata. Mucha, mucha plata. Necesitan pagar todo el despilfarro y la incompetencia de los últimos años.

“Tres mil millones” dijeron apenas tres días después de que la tierra temblara. Eso costaría al país la reconstrucción. Y no perdieron ni un segundo en presentar y aprobar la irónicamente llamada “Ley de Solidaridad y Corresponsabilidad Ciudadana”. ¿Corresponsabilidad? Eso implicaría responsabilidad de dos partes, Gobierno y Ciudadanía. Aquí los únicos responsables hemos sido los ciudadanos que llevamos años pagando la irresponsabilidad del Gobierno.

Proveedores del Estado, municipios, jubilados del sector público, hasta clubes de fútbol piden desesperados que les paguen lo adeudado. Deudas por todos lados. Las cuentas del Estado cada vez más vacías. Pero el ex nuevo rico se niega a aceptar su despilfarro y sigue paseando con su chofer. Al resto nos toca aguantar el asalto, reorganizar nuestros presupuestos y hacer grandes sacrificios para que el Gobierno no haga ninguno.

Pero sonrían. Luego de seis años, podremos comprar nuevamente trago los domingos para ayudar a la “reactivación comercial y turística del país”. Y podremos brindar por las brillantes políticas comerciales de este Gobierno: más impuestos y desmontar sus propios errores.

Ya es hora de pararles el carro. (O)

* El texto de Manuel Ignacio Gómez Lecaro ha sido publicado originalmente en El Universo.