Ecuador. Sábado 22 de Julio de 2017
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Despertando asustados

José Antonio Sánchez
Quito, Ecuador

Los gobiernos de las conquistas sociales y el montón de plata se terminan.

Uno por uno. Como ciclos que no se cierran, como ciclos que implosionan de un momento a otro. No es que Dilma no sea culpable, tal vez es la menos culpable de los actos de corrupción que ocurren en Brasil, donde el Partido más corrupto de ese país supo que las oportunidades no se pueden dejar pasar si el interés es deconstruir los relativamente nuevos entramados políticos de poder. Puede ser que Correa aún esté lleno de buenas intenciones, pero esas buenas intenciones con  las que empedró el camino, lo han terminado llevando (como tradicionalmente pasa) al infierno. No es que Maduro… bueno, no es que nada, para Maduro no hay justificación que valga, el caso de Venezuela se parece cada vez más al origen del universo, ese big-bang que se acerca y del que saldrán quién sabe qué cosas nuevas.


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El asunto es que había gente que creía en la posición política con la que inició todo esto. En el “proyecto país de manos limpias”, en el “sumak kawsay”. ¿Dónde está esa gente? La respuesta probable en un país dividido como los nuestros seguramente tendrá el tono de “las ratas están escondidas, dónde más van a estar”. Pero decir eso no sería más que caer en el ejercicio dialéctico agresivo que ha planteado el gobierno. Y no se pueden corregir errores equivocándose de nuevo. Los intelectuales, soñadores, ideólogos que empezaron todo esto estarán seguramente avergonzados y también temerosos. Otros pocos, esos sí ratas incongruentes, ya están trabajando para la oposición más radical. De esos… no vale la pena hablar. La historia los terminará absorbiendo en el futuro mediato tal y como ellos se absorbieron nuestro dinero en el pasado cercano.

Los demás, la gente que se mantiene en sus principios debe aparecer. Debe perder el miedo y empezar a desenredar el ovillo hasta identificar el nudo mal hecho. En algún momento la idea empezaba a ser buena, los avances en reconocimiento y garantía de derechos eran loables. En algún momento el proyecto no estaba revolcado en el lodo como ahora. ¿Cuándo? Esa es la pregunta que deberá resolverse y en la que deberíamos estar pensando todos los que formábamos parte del 86% de aceptación con el que el gobierno del señor Correa empezó.  De lo contrario, llegará el año 2017 con algún Macri ecuatoriano a pisotear cualquier avance social que aún resista la avalancha de equivocaciones y corruptelas.

No quiero justificar ninguna acción, ningún error por más “inevitable” que pudiere parecer. Tampoco quiero negar (como hacen varios funcionarios públicos) que estamos llenos de corrupción, que se están llevando todo lo que pueden y exprimiendo lo último que queda. Ni siquiera gastaré líneas en enumerar los indignantes casos a todo nivel que han llenado la prensa estos meses. No hay para qué. Está claro que el rumbo está perdido. Eso no quiere decir, que debamos caer de nuevo en la tentación del “que se vayan todos” y “vamos a la Shyris”. Eso quiere decir que la participación ciudadana, la acciones colectivas, son más necesarias que antes como instrumento de re-democratización, para re-institucionalizar.

Vamos hacia allí, busquemos esos espacios. Dejemos que se acabe el ciclo, que se vayan los gobiernos supuestamente progresistas, que se callen los famosos líderes que han perdido el camino y la cordura. O sólo el camino. O sólo la cordura. Protestemos en contra de quienes nos siguen robando y que no nos roben más. Mientras tanto, habrá que analizar cuál fue el o los desvíos que no debieron tomarse y pretender regresar a ellos, con o sin Correa.