Ecuador. Viernes 26 de Mayo de 2017
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Creatividad

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

El “campo de realidad distorsionada” de Steve Jobs impulsaba a los ingenieros de Apple a construir lo inimaginable. Inspiraba a los diseñadores a realizar lo imposible “porque no sabían que lo era”.

En el mismo orden de ideas, Sebastián Piñera, declaró en televisión nacional que 1.2 millones de estudiantes de escuelas públicas estarían en clases cuando terminen sus vacaciones de verano. Los centros de educación habían sido destruidos o severamente dañados en el terremoto y tsunami del 27 de febrero del 2010. La promesa no había sido previamente consultada con el Ministro de Educación de la época, Joaquín Lavín, pero él inmediatamente se dedicó a ejecutar. El presidente fijó ese objetivo porque los educandos no podían dejar de formarse como consecuencia del sismo. Hubiera generado un problema social.

La creatividad fluye entre personas preparadas cuando existe presión. El gabinete de Piñera, en su mayoría, no tenía experiencia política. Estaba conformado por exitosos ejecutivos del sector privado que querían retribuir a Chile por lo todo lo recibido.

El gobierno decidió que cualquier lugar podría ser usado como salón de clases, incluyendo iglesias, estaciones de policía o refugios temporales. El presidente medía los avances con indicadores de metas por fechas. Una de las iniciativas surgió de Industrias Metalúrgicas Paredes S.A., conocida como Metalpar. Reacondicionó buses de Transantiago, para que funcionen como salones de clases. Le pusieron aislante al piso, lados y techos. Agregaron escritorios, convirtieron el espacio del motor en lugar de almacenamiento y sacaron las llantas. Esos buses escuelas permitieron que se educaran ciento cuarenta alumnos. En Guayaquil se han implementado donaciones innovadoras como casas containers y casas de fibrocemento, que podrían ser replicados a bajo costo por los gobiernos seccionales de las zonas afectadas con el apoyo del gobierno central como soluciones habitacionales y de comercio.

Sin importar la ubicación, los estudiantes chilenos regresaron a clases el 26 de abril del 2010, la fecha fijada por el presidente. Durante el proceso el gobierno comprobó que la estimación inicial de seis mil quinientas escuelas dañadas había sido excesiva y que fueron evacuadas innecesariamente. Solamente cuatro mil quinientas tuvieron que ser reconstruidas o reemplazadas, reduciendo el presupuesto para la redificación.

El gobierno central permitió que cada región desarrolle el plan para reparar las escuelas, porque conocen mejor el terreno. Muchas veces los alcaldes propusieron nuevas ubicaciones y mejoras sustanciales.

El terremoto puede ser una oportunidad para la regeneración urbana, sin afectar las costumbres de los habitantes de las zonas afectadas. Estableciendo mejores mecanismos de comunicación ante desastres naturales y protocolos para reaccionar ante ellos.

Hasta el momento solamente hemos visto un gobierno que aprovechó la tragedia para intentar corregir el déficit fiscal como consecuencia de su excesivo gasto improductivo, aplicando más tributos a una economía debilitada que ya paga demasiados impuestos. Seguimos a la espera de muestras de creatividad, solidaridad y corresponsabilidad por parte del sector público, como ocurrió en Chile.