Ecuador. Viernes 30 de septiembre de 2016
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Construyendo al refinado

Antonio Villarruel
Quito, Ecuador

Hay que ver el modo meticuloso con que Mauricio Rodas trabaja para llegar a presidente del Ecuador.

En sus funciones como alcalde de Quito, en sus breves apariciones como ciudadano y en sus relaciones de etiqueta con el gobierno de Correa, Rodas no se descuida un milímetro en aparecer como una figura empática y medidamente elocuente, como un figurante sin acento que repite lugares comunes como solidaridad, innovación, emprendimiento.

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En otros frentes, Rodas no es menos descuidado. Se las ha ingeniado, a través de retruécanos legales, para proveer información mínima respecto al manejo financiero y de planificación que su alcaldía lleva a cabo; ha gastado el dinero en publicidad institucional en los principales medios de comunicación de Quito, y esto le ha valido el apoyo de periódicos, canales y estaciones de radio. Como poco, si no le adulan (que lo hacen, y sin miramientos), los medios van silenciando tenuemente las críticas hasta convertirlas en observaciones que hacen los ciudadanos y que luego son desmentidas por la secretaria de comunicación municipal. Y como hay crisis, parece que nadie está dispuesto a perder las decenas de miles de dólares del Estado que les llegan por cincelar la imagen caballeresca y pulcra de un político.

Rodas, más que Lasso, más que Nebot, representa la respuesta perfecta a la torpeza de la estrategia comunicacional del correísmo. Mientras Correa y sus subalternos braman a grito pelado o se ponen cursis repitiendo letanías de los sesenta, Rodas repite cuatro o cinco frases preconcebidas con optimismo y voz media, trata a los periodistas de tú y neutraliza cualquier vestigio de ideología. Parece andar pregonando el Parnaso: ciudad de todos, país solidario, alcaldía transparente, disposición al diálogo. Y claro, medio mundo florece cuando le adulan.

Por abajo, la cosa es menos diáfana. La solución vial Guayasamín, por ejemplo, supone una adquisición de deuda externa de al menos cien millones de dólares. La ciudad tendrá que pagarlos cuando Rodas esté peleando a brazo partido por ser presidente. La agresividad de los funcionarios municipales, desde la Policía Metropolitana hasta la cabeza de la EPMMOP (copartícipe de una empresa de construcción), el abandono de los procesos comunitarios participativos, la tala bestial de espacios verdes y  el incumplimiento de los pasos legales para la intervención urbana, se amontonan todos los días. Pero nos gusta más oír que somos solidarios, que somos ciudad emprendedora.  Bastante menos, que la actual administración es clasista, que no les ha dado voz a quienes cuyas tierras pretende expropiar con valores irrisorios. Que si fueran habitantes de una de las urbanizaciones cerradas donde Rodas vive en el valle, tendrían sus viviendas a salvo.

Al mirar la situación regionalmente, Rodas tiene a quién emular. Y no es descubrimiento mío, sino de Jaime Durán Barba. La carrera política de Rodas evoluciona emulando el contenido pero sólido despegue de Mauricio Macri que, apenas llegó a presidente, optó por dar balas de goma a niños de las periferias bonaerenses. Debo decir que con Rodas estas acciones son más bien ausentes, todavía. Pero se frota las manos con lo que está por venir.

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