Ecuador. Miércoles 28 de septiembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

El final de la revolución (francesa)

Fabián Pozo
Cuenca, Ecuador

La historia está llena de revoluciones, pues el conformismo nunca ha sido motor del progreso.

Fabián Pozo
Cuenca, Ecuador

Publicidad

La historia está llena de revoluciones, pues el conformismo nunca ha sido motor del progreso. La más famosa es quizá la Revolución Francesa que a grito de “Libertad, igualdad y fraternidad” terminó con el absolutismo monárquico.

Las contribuciones de la Revolución Francesa han sido ampliamente estudiadas y comentadas, pero poco se ha comentado sobre su caída, que en medio de diversos factores políticos y militares, tuvo causas esencialmente económicas: la emisión de moneda sin respaldo y los controles de precios.

Y es que las medidas económicas tomadas para enfrentar la crisis que azotaba a Francia tuvieron mucho en común con las de los gobiernos modernos: política tributaria y política monetaria agresivas.

En efecto, entre 1790 y 1793 en Francia se emitieron paralelamente a la moneda legal, 3.500 millones en papeles llamados “Asignats” –una especie de Bonos- que estaban respaldados en las propiedades que el Gobierno expropió al clero, pero que no eran líquidas, por lo que en poco tiempo perdieron el 95% de su valor.

Inicialmente, se debían emitir sólo 500 millones de libras francesas en Asignats, pero llegaron a circular cerca de 45.000 millones en pocos años. Cuando el gobierno empezó a utilizarlos como moneda para pagar proveedores y decretó su uso forzoso en 1792, se produjo una hiperinflación en los precios de los alimentos.

Para hacer frente a esto, el gobierno decidió imprimir más dinero mientras culpaba de la crisis a los comerciantes y tenderos por “acaparadores” y “especuladores”.

Inevitablemente, los precios continuaban subiendo ya que el dinero valía cada vez menos. La receta fue otra medida “moderna”, muy similar a lo que se ha aplicado en la Venezuela de Maduro: controles de precios, subir impuestos y confiscar los almacenes y propiedades de los comerciantes.

La máxima expresión de este control gubernamental fue la llamada “Ley del Máximo” que prohibía subir los precios y amenazaba con guillotinar a quienes se nieguen a aceptar el papel moneda como medio de pago.

Estas medidas únicamente consiguieron que se cierren las tiendas y que la escasez aumente, apareciendo las largas filas para conseguir alimentos. Los comerciantes prefirieron cerrar sus negocios, despedir a los trabajadores y dedicarse a otra cosa antes que recibir como pago papeles de colores sin valor.

Finalmente, los disturbios comenzaron y las revueltas por falta de alimentos acabaron con el gobierno revolucionario, pues hay leyes económicas que ningún decreto, ley ni consulta popular puede derogar.

Y el que no conoce la historia, está condenado a repetirla.

Publicidad