Ecuador. Martes 27 de septiembre de 2016
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¿Por qué nos matan a los gais?

Cristina Villagómez
Quito, Ecuador

Parece que la historia de la comunidad GLBT está muy ligada a bares, seguramente porque en la noche el miedo desaparece para algunos.

El 28 de junio de 1969 en el Stonewall, bar gay en Nueva York, un grupo de homosexuales se rehusó a seguir siendo sometido por la fuerza pública de un estado homofóbico. Desde entonces, nace el Gay Rights Movement y con este un sinnúmero de progresos legales, sociales, económicos y políticos que nos han acercado lentamente a ser sociedades donde todos los ciudadanos podemos ser iguales ante la ley.

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Ya han pasado muchos años desde la gloriosa manifestación de rebeldía, coraje y fuerza en 1969. Sin embargo casi 50 años después de Stonewall, después de años de lucha, después de visibilizar, después de cambiar las normas, después de todo seguimos viviendo en sociedades homofóbicas.

Es irónico, los seres humanos somos seres complejos a los que nos gusta simplificar. Simplificamos a las personas cuando les encasillamos en estereotipos. Los colombianos venden droga, los cubanos bailan, los franceses no se bañan, los indios comen cuy, los gais son una manada de afeminados que tienen sexo pecaminoso. Tal como dice mi querido y muy admirado Rory O’neil, cuando las personas ven a un homosexual en lo único que piensan es en sexo y lo reducen a un acto sexual, a sodomía y no importa nada más. Desde esa óptica, aquella que te impide ver al ser humano que es mucho más que sexo, es más fácil rechazar. Cuando envolvemos a las personas en un prejuicio, parece que resulta sencillo ser despiadados pues no hay un rostro al que atacar, solamente hay un concepto errado en nuestra cabeza. Y, por ello, en este transcurso de encasillar a las personas y borrar sus caras parece que olvidamos que detrás de cada prejuicio hay una vida, una historia que nuestra implacable crueldad y ausencia de empatía pueden destruir.

Personalmente pienso que la homofobia es ese tipo de miedo que se funda en el profundo desconocimiento. No estoy insinuando que cuando un homofóbico mira a alguien de la comunidad GLBT se orina en los pantalones del miedo. No. Lo que sí diré es que esa fobia motiva la imperiosa necesidad del homofóbico de simplemente someter aquello que no entiende, o que tal vez quiere ser con todas sus fuerzas y no tiene la valentía suficiente como para admitirlo. ¿Cómo someter? Insultando, ofendiendo, tapujando, silenciando, golpeando, matando.

Las cosas están mejor, pero todavía es fácil encontrarse con personas que han deshumanizado por completo a sus víctimas lo que les facilita someterlas. Todavía me encuentro con personas que me preguntan por qué defiendo a esos seres, como si no se lo merecieran. Todavía me encuentro con personas que se han olvidado por completo que esa comunidad a la que miran con desprecio es parte de la especie humana y tan solo por ese hecho deben tener los mismos derechos que cualquier otro ser. Todavía me encuentro con personas que piensan que la comunidad GLBT está compuesta por extraterrestres, locas, maricones, putos, putas, anormales, errores. Y pese a que este escenario es común, yo todavía no entiendo por qué.

Va a llegar el día en el que miremos a lo que ahora es nuestro presente y pensemos que fuimos sociedades primitivas que discriminaban y odiaban a dedo. Va a llegar el día en el que contemos que había una vez un mundo donde la persecución, el miedo y la violencia eran pan de cada día. Va a llegar ese día y lo espero con ansias. Y es que ya ha pasado antes. Las mujeres pasamos de ser objetos a ser sujetos, las personas de raza negra tuvieron una historia parecida, los judíos fueron sacrificados por ser judíos. Ya pasamos por esto. Quién lo diría, pese a que esta historia se repite, algunos se ven absolutamente incapacitados de mover la piedra con la que se tropiezan a cada rato.

En la madrugada del domingo que pasó, una vez más, el mundo entero se sacudió. Un hombre llamado Omar Mateen mató con un arma de fuego a 50 seres humanos, la mayoría, de la comunidad GLBT. Hay motivos suficientes para pensar que este fue un ataque en contra de la comunidad pues la escena del crimen fue nada más y nada menos que un bar gay. Como es costumbre, las redes sociales estallaron y miles de personas mostraron su apoyo, respeto y dolor. No obstante, siempre hay otros seres que comentan cosas como ‘bien hecho’, o ‘me alegro porque hay menos maricones en el mundo’, o ‘nos ayudan a limpiar la faz de la tierra”. Seguramente, estos seres que se alegran por lo sucedido en el bar gay Pulse, son de aquellos que cuando miran a la comunidad GLBT solo ven a un grupo de conceptos errados, a un grupo de estereotipos ambulantes, un grupo de perversiones sexuales. ¿Sabe lo que veo yo? Un grupo de seres humanos que fue asesinado miserablemente por un enfermo. Este suceso es un golpe, sí para la comunidad a la que defiendo, pero sobre todo para la humanidad. El domingo 12 de junio murieron seres humanos. Eso es la comunidad GLBT, un grupo de humanos, tan humanos como usted, amable lector.

Estamos a pocos días de la Marcha por la Igualdad, Orgullo, Pride, o como usted le quiera llamar. Estamos a pocos días de ese momento en el que en las calles marchamos rompiendo todo miedo, sacando pecho, conmemorando a los caídos en Stonewall. Lo sucedido el 12 de junio, personalmente, es un recordatorio de que pese a todo pronóstico, los seres humanos seguimos en guerras no declaradas. Faltando poco para el Orgullo quiero decir que me siento orgullosa de todos los que, a pesar de que las condiciones no son las más abrazadoras, optaron por ser valientes y salieron del clóset, de los que luchan todo el tiempo por su identidad, de los que no se rompieron nunca pese a las matanzas, las amenazas, pese al odio. Este año, yo marcho por todos los que entregaron su vida para despertar a los que seguimos vivos. Les invito a recordar que por más que todo ha mejorado, tenemos camino por recorrer pues esta lucha por lograr que todos entiendan que somos humanos, no se acaba.

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