Ecuador. Viernes 9 de diciembre de 2016
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Juanito Alimaña en Ecuador

Héctor Yépez Martínez
Guayaquil, Ecuador

“Y aunque a medio mundo / le robó su plata / todos lo comentan / nadie lo delata.”

Lo escribió el legendario “Tite” Curet Alonso para mi tocayo Héctor Lavoe en Juanito Alimaña. Y lo podría haber escrito también para Ecuador. En un país donde son secretos hasta los contratos de preventa petrolera a los chinos, casi una década de correísmo ha consolidado un sistema perfecto de falta de transparencia, que es el mejor aliado de la corrupción.

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Todo comenzó en Montecristi, cuando los constituyentes —algunos hoy opositores— crearon el famoso Quinto Poder, un agujero negro donde las autoridades de control son nombradas en supuestos concursos que casi siempre ganan los favoritos del oficialismo. Luego el Gobierno metió mano a las cortes, al punto que el Consejo de la Judicatura, que puede destituir a cualquier juez del país, hoy lo preside el ex secretario de Rafael Correa.

¡Bingo! Sin autoridades que acusen o juzguen, solo quedarían dos espacios para investigar: la Asamblea y los medios.

La Asamblea —gracias al método D’Hondt que regaló a Alianza País más curules que votos— está dominada por quienes pregonan la sumisión incondicional al caudillo y no fiscalizan nada, salvo recientes intentos de última hora contra negociados petroleros.

Y la prensa es metódicamente perseguida. Sea con linchamientos en cadenas y sabatinas, juicios con Chucky Seven o la omnipotente Superintendencia de Comunicación, ser periodista es deporte extremo en Ecuador. Y cuando revelan escándalos, Lavoe vuelve a cantar: “aunque ya lo vieron, nadie ha visto nada.” Las instituciones no responden. Más que pacto ético, Ecuador necesita un pacto de transparencia. ¿Se imaginan que todos los políticos y funcionarios se sometan al polígrafo? ¡Ahí los quiero ver!

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