Ecuador. Miércoles 7 de diciembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Loqueleo: una nueva propuesta editorial para niños y jóvenes

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

La editorial Santillana presenta en Ecuador su nuevo sello editorial Loqueleo de literatura infantil y juvenil.

Para mí, es literatura a secas. Reemplaza a Alfaguara Infantil y Juvenil, que junto a otros importantes sellos editoriales —como Taurus, Aguilar y Punto de Lectura— fue vendida a Penguin Random House. Es una presentación por todo lo alto, pues el catálogo de novedades  se abre nada más ni nada menos que con un libro para niños del Pájaro Febres Cordero: Amalia. Un libro bellamente ilustrado por Sofía Zapata y editado bajo la profesional mirada de Annamari de Piérola. No tengo la menor duda que Amalia se convertirá en uno de los cuentos favorito que niños y niñas pedirán a sus padres que les lean antes de dormir. ¡Y también a los abuelos!  El Pájaro es uno de los columnistas más leídos en el país. Ironía, humor, irreverencia es que lo caracteriza su estilo. También tiene a su haber una especie de saga de lo que me atrevo a llamar crónica autobiográfica en libros como Alpiste para el recuerdo, Soy el que pude y Pajarerías. El primero de estos lleva varias ediciones y sucesivas reimpresiones. El Pájaro Febres entra a formar parte de la exitosa pléyade de escritores que han aportado a la creativa y floreciente literatura infantil.

Publicidad

Que Annamari de Piérola haya fichado al Pájaro Febres es un logro que consolida la literatura para niños y jóvenes en Ecuador, tarea en que ella se halla empeñada desde hace años. Es un logro más en su dilatada experiencia como editora. El catálogo de obras infantiles y juveniles de Loqueleo tiene más de 250 títulos, con una representación importante de escritoras y escritores ecuatorianos. ¡Impresionante! La crítica del tiempo y la crítica-crítica habrá de destacar lo que finalmente, de este dilatado esfuerzo editorial,  sobreviva y forme parte de obras inolvidables.

Parte sustancial de esta literatura circula en colegios privados, ya que los colegios públicos tienen prohibición expresa de adquirir libros o de pedir a los padres que los adquieran. En los mejores colegios privados, un estudiante de primero de básica lee entre cuatro y seis novelas en un año. Allí se están formando los lectores del futuro. En un colegio público se lee una docena de páginas de resúmenes mal hechos de un par de cuentos. La calidad del aprendizaje de lectura en la educación pública colapsó en estos años —no es que haya sido buena en el pasado— igual que las pretenciosas Unidades Educativas del Milenio, en Manabí. Y si las escuelas del Milenio no estaban aseguradas, lo que sí está asegurado es una educación pública productora de iletrados.

A diferencia de lo que sucede en la literatura ecuatoriana para adultos que —con contadas excepciones— nace y muere en los límites de nuestra provincia literaria, libros infantiles (más que juveniles) de escritores y escritoras ecuatorianos, circulan en Perú, Colombia, México, España y Estados Unidos, haciéndose acreedores de importantes reconocimientos. Un ejemplo: Roger Ycaza y María Fernanda Heredia fueron los ganadores del XVIII Concurso de Álbum Ilustrado «A la Orilla del Viento» del Fondo de la Cultura Económica.

¿Por qué? No lo sé. Apunto un par de ideas.  Tal vez es una literatura más libre, menos atada a los cánones —cada vez menos literarios y más comerciales— que hoy dominan el universo literario. Tal vez porque es una literatura que no tiene que romper —o pactar— con una pesada tradición, local y externa, de corrientes y autores, con dioses y semidioses, con editores y editoriales que saben que el Ecuador que ama la vida, no ama la lectura ni los libros; que es el país con uno de los índices más bajos de lectura de América Latina, que no tiene bibliotecas, y en el que el libro es un artículo de lujo.  Quizá la positiva recepción de  la literatura infantil se explique porque está más cerca de la vida, de la felicidad y el dolor cotidiano, de las alegrías y de las penas, de las fantasías y miedos que nos atacan con las sombras de la noche, cuando un hijo, un nieto, o un niño, el niño que aún no muere en nosotros, nos pide que le leamos un cuento, o que se lo contemos y que imaginemos una historia.

En fin, buen viento para Loqueleo y para Amalia, la nueva creación del Pájaro Febres Cordero.

Publicidad