Ecuador. Lunes 26 de septiembre de 2016
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Cuba Libre

Cristina Villagómez
Quito, Ecuador

Cuando cumplí 14 años fui a Cuba.

En ese entonces, sentía gran curiosidad por conocer el paraíso comunista,  estaba pasando por esa época roja antes de madurar un poco y entrar en razón. En el aeropuerto de La Habana, en el baño, entre suciedad y escasa luz encontré a una mujer que abrazaba a su hijo, un bebé de meses. Con su inconfundible acento cubano me pidió de favor que le regale papel higiénico. Salí para el hotel y vi una ciudad que aparentemente fue bella en el pasado pero ya era difícil de apreciar esa añeja belleza ya que se encontraba oculta tras la miseria, suciedad, hambre y pancartas que decían “todo está bien”, firma Fidel.

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Cuba fue una mezcla de dos mundos: la verdad y la mentira. El mundo de verdad es el vivían los cubanos, eso de pasar hambre, vivir sin soñar, sumisión, silencio. El mundo de mentira era el del turista, eso de excesos, comida variada a precios bajísimos, hoteles preciosos, son y salsa. Ahora bien, por más que todo estaba dividido en dos -literalmente hay cosas que los cubanos no pueden tocar y los turistas sí- se podía ver ambos mundos, es tan obvia la diferencia que resulta imposible negarla.

Recuerdo ir a la playa de turistas y observar con miedo mientras policías arrastraban a una mujer cubana que ahí se encontraba. Ella gritaba ‘ ¡suéltenme, mi marido es español, yo sí puedo estar aquí!’. Como para ahuyentar el susto, mi madre me explicaba que eso era normal en el país que visitábamos. Recuerdo preguntar a los lugareños si les gustaba vivir en su país, y todos decían que sí que estaban felices ahí. Recuerdo que un valiente joven me explicó que en el momento en el que alguien diga que no es feliz y que no acepta la dictadura castrista lo desaparecían, por ende, todos son felices.

Cuba es un paraíso, el paraíso del dictador. Su Código Penal parece una parodia hecha por alguien tan perturbado como Hitler. Leer la pena “10 a 20 años o muerte” por delitos como abordar o pilotear un avión para huir –lo que se puede considerar como un atentado a la seguridad el estado-  me resulta espeluznante ya que estas semanas están deportando a cubanos desde mi país, desde nuestro país.

Ellos pedían visas humanitarias y protestaban para conseguirlas, gritaron ‘fuera Fidel’ y un día después, en la madrugada, entre francotiradores, perros, policía antimotines fueron apresados. Ellos fueron llevados a parqueaderos donde fueron retenidos. Ellos fueron deportados y no se sabe el paradero de muchos. Ellos huyeron por sus vidas, por eso salieron de su tierra. Ellos llegaron a nuestra tierra para ser devueltos a un calvario. Ellos, los cubanos, esos seres humanos, aquellos migrantes, llámales como quiera, pero no olvide lo primordial, son personas con ganas de vivir.

Me perturba inmensamente ver la indiferencia de la población y los políticos en general. Muchas personas me han dicho que esos cubanos, esos seres humanos deben ser deportados pues estamos todos pagando las consecuencias de su estadía en Ecuador. Creo que olvidamos que ecuatorianos migraron en grandes cantidades a España en busca de futuros prósperos. Creo que no quisiéramos saber que España los recibió como nosotros recibimos a los cubanos. Creo que olvidamos que ellos huyeron por sus vidas, nada más y nada menos.

Después de visitar Cuba puedo entender por qué hay quienes prefieren morir antes de seguir  viviendo ahí. No es por la belleza natural del paisaje de la isla, ni por la amabilidad y cordialidad de la población en general, ni por el hipnotizante sabor que explota en el paladar cuando recorriendo las calles de La Habana te encuentras con un calor abrazador, no. Ellos, que huyeron pese a los riesgos que huir involucra lo hicieron porque quieren estar lejos de Fidel Castro, de su hermano Raúl, del séquito de matones que ahora gobiernan y de ese fallido, podrido, repulsivo comunismo empobrecedor. Espero que algún día no seamos nosotros los que debamos elegir entre vivir o sobrevivir. Le invito a usted, amable lector, a unirse a quienes rechazamos la ausencia de humanidad, falta de corazón y conciencia de quienes están practicando estas deportaciones sin sentido. Aquí o allá, ya es hora, #CubaLibre.

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