Ecuador. Viernes 2 de diciembre de 2016
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La Utopía

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Escuchamos peroratas sobre cómo se debe vivir con ética.

Nos enseñan colectivismo.  No creen en el libre albedrío.  Tampoco celebran a las compañías reales que trascienden fronteras en libre competencia.  Les parece amoral.

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No opinan que es inmoral que parientes de funcionarios públicos trabajen en el gobierno cobrando doble sueldo o que tengan empresas de papel en Panamá, dueñas de casas mal habidas y sin haber sido declaradas.  Tampoco les parece extraño que nadie de la función judicial investigue de oficio estas irregularidades.

Con ese razonamiento, no tiene sentido la Ley de Alianzas Público Privadas, si es malo invertir en otro país ¿cómo así ofrecemos incentivos para que los extranjeros inviertan aquí? ¿No sería inmoral eso también? ¿No es sinvergüenza quien pide un pacto ético pero compra un departamento en Bruselas?

Siempre han vivido a expensas de nosotros.  Hemos pagado su educación en las mejores universidades burguesas del mundo, otorgándoles becas financiadas con nuestro dinero.  Nunca han generado ingresos, pero nos dicen cómo debe funcionar el comercio: en sentido contrario a lo que ocurre en la economía global. Están desconectados de la realidad.

Impedir el crecimiento económico en libertad es lo que no es ético.  Implica sacrificar la calidad de vida de los ciudadanos. El gobierno debe dejar de especular con tipos de cambios de otros países de la región.  Tenemos que trabajar en mejorar nuestra estructura de costos.  En ser más competitivos y productivos.  A Alemania le va bien, no porque especulan con divisas, sino porque es productiva.  El franco suizo se aprecia todos los años desde hace cien años, pero Suiza es competitiva en sus exportaciones.

El mundo está dolarizado.  Los commodities del planeta se transan en dólares de los Estados Unidos de América.  Deberíamos estar agradecidos por tener esa moneda y explotar sus fortalezas.  Sin el dólar, estaríamos como Venezuela.  El socialismo del siglo XXI lo desprecia, porque es la camisa de fuerza que le impide gastar más.  Si devaluar fuera bueno, Venezuela no tuviera una de las inflaciones más altas del mundo o fuera modelo de país exportador.

Según Steve Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins, el Banco Central no debería existir en dolarización.  La única misión de su gerencia general es prestarle al poder ejecutivo la plata de terceros, que están obligados a depositarla allí.  Tampoco es un banco comercial como para administrar dinero electrónico; que como está planteado, es un sistema de creación de dólares sin respaldo, reduciendo la oferta monetaria.  El manejar dinero electrónico no está dentro de las funciones primordiales del Estado.  Este tipo de dinero electrónico busca inventar liquidez de la nada, para continuar la fiesta del gasto público improductivo.

Tampoco es cierto que el gobierno está imposibilitado de dictar política monetaria.  Son los bancos comerciales los que crean el dinero.  Producen el 65 % de la oferta monetaria.  Cualquier regulación de ellos, significa alterar la política monetaria.  ¡Y vaya que han promulgado regulaciones!  Pero para mal: restringiendo su actividad, cuando se debería fomentar lo contrario.

Por eso, el remedio ya no es económico, sino político.  No están dispuestos a implementar las soluciones, a pesar de estar al alcance de la mano.  Por razones ideológicas.

Tenemos que votar en las próximas elecciones por un candidato que resuelva el problema económico.  Alguien que tenga experiencia, más allá de lo político.  No podemos arriesgarnos.  La utopía del socialismo del siglo XXI y del comunismo ha fracasado en todos los países que la aplicaron, perjudicando la economía familiar y limitando la libertad.

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