Ecuador. Viernes 30 de septiembre de 2016
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Noruega y Chile

Juan Carlos Díaz Granados
Guayaquil, Ecuador

Noruega es el tercer país más rico del mundo en base a su PIB de ochenta mil dólares per cápita.

Solamente tiene cinco millones de habitantes, sin población viviendo bajo la línea de la pobreza. Tiene una amplia libertad económica. Según el índice 2016 de la Fundación Heritage, Noruega se encuentra en el puesto 32 entre 178 naciones. Su extensión territorial es de 385.156 kilómetros cuadrados. Es el tercer exportador de petróleo del mundo, después de Rusia y Arabia Saudita. Muchos de sus ciudadanos quieren romper lo que consideran una dependencia petrolera para fomentar la competitividad de sus productos, pero como veremos, Noruega no basa su economía en el precio de exportación del petróleo.

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Noruega ha ahorrado 870.000 millones de dólares desde el año 1990. Equivale a la mayor parte de sus ingresos petroleros. Ese dinero fue invertido en un fondo de valores e inmobiliario. Ambas cosas generan productividad. No como aquí, que el dinero se esfumó en el gasto público improductivo.

La economía noruega estuvo protegida ante la caída del precio del barril de petróleo. La administración pública solamente está autorizada a gastar el rendimiento del fondo: un 4 % anual. El gobierno actual, de tendencia conservadora, solamente usó este año el 2.8 %, versus el endeudamiento agresivo al que el socialismo del siglo XXI sometió al Ecuador en época de vacas gordas.

El fondo noruego no está constituido para paliar una crisis. Únicamente financia la octava parte del gasto público. La caída del precio del petróleo afecta el crecimiento del fondo soberano, no a la economía nacional.

Para llegar a esquemas disciplinarios como estos, se debe crear institucionalidad. No es posible que el Estado sea lo que el presidente de turno opine. Estamos en el punto en el que una persona controla todos los poderes. Por eso es que la función judicial no actúa frente al evidente enriquecimiento ilícito de ciertos servidores públicos.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los políticos chilenos de cualquier tendencia, no son corruptos. Porque en ese país sí existe institucionalidad.

Mientras la falta de institucionalidad y la corrupción política no se solucionen, Ecuador va a estar cada vez más lejos de Noruega y Chile. La Fundación Heritage nos califica como un país que reprime la libertad económica, ubicándonos en el puesto 159.

Para proponer un acuerdo ético, hay que analizar la honestidad histórica de quien lo plantea. Es hora de sincerarnos. Lograr acuerdos, pero con personas íntegras. Si no existen consensos en un modelo de desarrollo, no vamos a llegar a nada. Es fundamental tener una estrategia a largo plazo para implementar las tácticas necesarias para implementarla.

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