Ecuador. Sábado 1 de octubre de 2016
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Suspender el #ErrorVialGuayasamín

Miguel Molina Díaz
Quito, Ecuador

Llamar a un diálogo sobre una obra que ya está en marcha no sólo es tardío sino absurdo.

El alcalde Mauricio Rodas aplica pañitos de agua tibia para calmar a quienes se oponen a la mal llamada Solución Vial Guayasamín. Quiere dialogar sobre una obra que comenzó a ejecutar el 5 de abril y que se continúa ejecutando, en las madrugadas, como si quisiera ocultarlo.

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El #ErrorVialGuayasamín es especialmente peligroso, no sólo porque no resolverá los problemas que intenta solucionar (de hecho, creará más) sino por la forma, arbitraria y sin transparencia, en que todo esto se ha llevado a cabo, por quienes dijeron ser una nueva generación de políticos democráticos. Después de varias semanas, no terminan de entregarle a Daniela Chacón, la vicealcaldesa, la totalidad de documentos sobre esta obra. Ni siquiera las actas de los directorios de la EMMOP donde se aprobó este proyecto. Ante las críticas, salió un funcionario municipal de último orden a responder que la obra “va porque va”.

En cuanto a números: los quiteños pagaremos un peaje de 30 años, a una compañía china, por una obra que en el mejor de los casos va a ser funcional 6 años, según los estudios técnicos de la propia compañía constructora, según ha denunciado la vicealcaldesa Chacón. El Municipio, por su parte, dice que esta obra no le costará un centavo a la ciudad, porque es la compañía china la que invertirá 131 millones en la construcción de la misma. Falso: los pagaremos los quiteños, con el peaje, y mucho más de 131 millones. El cálculo aproximado de la recaudación que habrá por el peaje, a lo largo de 30 años, sobrepasa los 700 millones de dólares.

Cabe decir que una de las clausulas del contrato establece que durante esos 30 años no se podrá realizar obras en esa infraestructura. Es decir, si la obra en el mejor de los casos será funcional 6 años, nos condenarán a 24 de saturación y congestión vehicular a niveles de pesadilla.

Pienso, sin embargo, que esto no es lo más grave. Lo que está en juego en Quito es una visión sobre la ciudad en que queremos vivir y del estilo y calidad de vida que necesitamos y deseamos para desarrollarnos y desenvolvernos. El alcalde Rodas apuesta, claramente, por una ciudad que privilegia el uso de los vehículos. Por eso destruirá la Plaza Argentina, el Barrio Bolaños y la calidad de vida y la plusvalía de los sectores alrededor del Túnel Guayasamín. Y es cierto, esta obra causará muchos más problemas de los que resolverá: luego de seis años tendremos que convivir con más puntos de congestión, más tráfico vehicular, mas estancamiento y saturación de las calles.

No hay que ser brillantes para entender que los intercambiadores vehiculares, en cualquier parte del mundo, no resuelven los problemas de congestión de autos, por el contrario, los acrecientan porque se convierten en puntos de confluencia vehicular a gran escala. Pierde la ciudad y pierde la gente, que vivirá con más smog y con menos espacios verdes para vivir y transitar.

De hecho, la tendencia mundial consiste en no construir más pasos elevados o, como en Corea del Sur, destruir algunos de los existentes para a fin de crear espacios públicos para los peatones. El alcalde, que se da se vanguardista, no entiende ni quiere entender que el #ErrorVialGuayasamín es una afrenta a Quito, no una obra. Me da la triste impresión de que luego de dos años de ineficiente administración le han apostado a esta obra, faraónica, para decir que han hecho algo y algo grande. Es una obra que responde a intereses electorales, no a la transformación de la vida en la capital del Ecuador.

El alcalde Rodas, y quienes apoyan este capricho absurdo, deben entender que la calidad de vida en Quito habrá cambiado el día en que sea más cómodo y seguro ir en transporte público decente que en automóviles privados, como ocurre en amigables ciudades del mundo. La solución no es el #ErrorVialGuayasamín sino, probablemente, la construcción de un teleférico que se integre a la red de transporte público de la ciudad y que permita a los habitantes de los valles de los Chillos y Tumbaco llegar a Quito de forma ágil y sin ser transportados como ganado, durante horas, en buses hacinados y sucios.

En todo caso, mientras Rodas realiza los diálogos que él mismo ha convocado en el Colegio de Arquitectos, debe suspender la continuación de esa obra, si es que al cabildo le queda una pisca de respeto, sensatez y buen voluntad. El dialogo no puede constituir un engaño. El alcalde tiene que escuchar, conversar, llegar a acuerdos. El #ErrorVialGuayasamín es a todas luces un despropósito. Muchos exigen la cancelación. Quizá la misma no se llegue a dar, pero por respeto a los quiteños y a su propia palabra, Rodas debe suspender la obra, por lo menos mientras se realizan los diálogos. De lo contrario, no habrá credibilidad en los mismos. Que el diálogo convocado no sea una cortina de humo y la prueba de que quién dijo ser un político transparente y democrático, es igual a los que en su momento criticó.

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