Ecuador. Miércoles 7 de diciembre de 2016
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La dinastía Bucaram

Carlos Jijón
Guayaquil, Ecuador

Adolfo Bucaram Ortiz murió la madrugada del domingo 31 de julio, aproximadamente a las 04h00, después de sufrir dos infartos.

No es el primero que fallece de esos hermanos entre los que ha  habido un presidente de la República, dos alcaldes de Guayaquil, un ministro de Estado y al menos cuatro legisladores en diversos períodos, pero reflexionar su desaparición parece válido en este momento de la Historia, antes que el incesante y vasto universo se aparte definitivamente de él, para decirlo en palabras de Borges, y que su muerte sea el primer cambio de una serie infinita.

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Pese a haber sido legislador en más de una ocasión y ministro de Estado, Adolfo Bucaram Ortiz fue de alguna manera un personaje secundario de la saga de una familia que como ninguna otra ha marcado su huella en el Ecuador desde hace más de medio siglo. En sus momentos de gloria, durante las últimas décadas del siglo pasado, su hermano Abdalá fue Presidente de la República. Su hermana Elsa fue la primera mujer que llegó a la alcaldía de Guayaquil y posteriormente fue legisladora. Sus  hermanos Jacobo y Santiago fueron también diputados. Y su hermana Martha, Primera Dama de la Nación. Y eso sin contar que su primo hermano Averroes Bucaram Záccida fue Presidente del Congreso Nacional, y el hermano de este, Avicenas, diputado por Guayas.

Pero la historia familiar había empezado mucho antes, en los tempranos años cincuenta, cuando el tío don Assad, un joven y humilde vendedor de telas, de origen libanés, entró a la política para apoyar al gran Carlos Guevara Moreno, el Capitán del Pueblo, que había fundado lo que sería uno de los más grandes partidos políticos en la historia del Ecuador, Concentración de Fuerzas Populares: entonces el  vehículo de la lucha de los pobres contra los ricos, el pueblo contra las trincas, una especie de correísmo de los años cincuenta del siglo pasado, enmarcado en el populismo latinoamericano de Juan Domingo Perón, en la Argentina, y Haya de La Torre, en Perú.

Alguna vez escuché al doctor Miguel Macías Hurtado, que de joven había sido el principal asesor de Guevara Moreno, relatar que a quien habían escogido para reclutar en CFP no había sido a Assad, sino a su hermano Jacobo, el padre de los Bucaram Ortiz, que entonces era un destacado deportista. Pero la suerte quiso que lo confundieran y ya en el partido, Assad labró su propio destino. No solo terminó arrebatando el partido a Guevara Moreno sino que se convirtió en un líder inmenso, un matón colosal, como lo describió creo que Jaime Nebot Velasco, uno de sus archienemigos; el hombre que provocó el golpe de Estado de 1970 cuando las Fuerzas Armadas quisieron impedir que se convoque a elecciones porque se sabía que iba a ganarlas. Y a quien el triunvirato militar de fines de los setenta le impidió ser candidato legislando, con dedicatoria, que no podían ser candidatos los hijos de extranjeros.

Entonces Don Buca sacó de su manga al yerno de su hermano Jacobo, el marido de su sobrina Martha Bucaram Ortiz, el joven y desconocido y brillante Jaime Roldós Aguilera, que con el slogan de “Roldós a la Presidencia, Bucaram al poder” ganó las elecciones presidenciales con las que el Ecuador retornó a la democracia que hoy vivimos. Si es que aún puede llamársela democracia. Una historia que ya lleva 60 años desde aquella vez que Don Buca fue elegido diputado del Guayas por primera vez, en 1956, y que he recordado ahora desde que me enteré temprano en la mañana del domingo de la muerte de Adolfo.

La saga no  parece  haber terminado. Como una especie de justicia poética, tras el error de Macías Hurtado al contactar equivocadamente a Assad, el péndulo sigue ahora en el lado de la familia del hermano Jacobo, y uno de sus nietos, el hijo de Abdalá, Dalo Bucaram Pulley, es candidato a la presidencia de la República. Es cierto que los tiempos son otros. Pero la concentración de la noche del  viernes en Balzar ha traído a mi memoria la vieja época. Y eso sin contar que otra Bucaram, la prima Martha Roldós, inteligente y lúcida, es una de las más destacadas voces de la oposición.

Cierto es también  que ningún hombre puede cruzar dos veces el mismo río, porque ni el hombre ni el río serán los mismos. Sin embargo, la estirpe de los Bucaram, siempre tan cercana a los griteríos y las multitudes, nunca ha estado condenada a cien años de soledad, de tal manera que no resultaría extraño que alguna vez, en algún momento, puedan tener, quizás, una segunda oportunidad sobre la tierra.

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