Ecuador. Viernes 2 de diciembre de 2016
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El padre de todos

Martina Vera Pérez
Quito, Ecuador

Rara vez me he permitido utilizar este espacio para compartir una reflexión que sea producto de un sentimiento personal.

Martina Vera

Hoy, rompo ese esquema. Lo hago porque considero que la reflexión que ocupa este texto tiene más que aportar a la sociedad fuera de mi mente y memoria que dentro de ellas, porque habla de quien tocó la vida de miles de ciudadanos como servidor público, familiar y ser humano; de quien ejerció un liderazgo firme, con la visión de futuro, empatía y honestidad que tanto añoramos en la vida política de hoy, pero que raramente identificamos en los actores que nos representan. Hablo de Alvaro Pérez Intriago.

La política humana

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A veces el destino pone en nuestro camino emisarios de buenas nuevas en tiempos álgidos. Una de esas emisarias se presentó en mi vida mientras el hombre que reinventó Quito y que fue el vínculo más inquebrantable de mi familia materna se debatía entre la vida y la muerte.

Esa emisaria es una moradora de humilde origen y avanzada edad en San José del Condado que, entre lágrimas, frente a la posibilidad de abandonar su vivienda para que se construya el proyecto Quito Cables, me confesó que no confía en la política ni en los políticos de hoy. Le confesé que yo tampoco confío, que no me siento representada por gran parte de los actores nacionales y que me avergüenza la corrupción que impera en las instituciones públicas del país. En íntima conversación, ella recurrió a su memoria para inyectarme animo y habló de los buenos tiempos de antaño cuando sí hubo un político humano que sirvió a su gente y de cuyo ejemplo podrían aun aprender varios: Alvaro Pérez Intriago. La mujer no lo sabia, pero hablaba con su orgullosa sobrina.

El padre de todos

Pérez Intriago como lo describen los textos fue el padre del Quito moderno, aquel que superó la era del estancamiento y emprendió camino hacia el futuro. Antiguo Alcalde de Quito y Prefecto de Pichincha. Constructor del Parque de la Carolina, la Occidental y la Avenida Eloy Alfaro. Tal como lo describe la moradora de San José del Condado, fue una bendición para sus allegados; el responsable del alcantarillado de su barrio, pavimentador de su vecindario, padre para sus vecinos y protector de sus sueños. Tal como lo recuerdo yo, padre de mi madre y sus hermanos y la mayor bendición de una familia unida con cemento. Fue también una clase de político y ser humano que hoy se halla en peligro de extinción en un Ecuador asolado por la desigualdad, la crisis económica, la corrupción, la avaricia y la negligencia política.

Una nueva era

A puertas de un momento decisivo en nuestro país, el fallecimiento de un personaje como Pérez Intriago llega para reavivar enseñanzas fundamentales para edificar un futuro de progreso y paz. En lo personal, nos recuerda que la humildad, el trabajo arduo, la integridad humana y la fe en las personas no se desvanecen con el tiempo ni con la muerte, sino que viven eternamente en quien las practica. En lo colectivo, nos recuerda que la política es un instrumento de servicio al pueblo, pese a que hoy se encuentra viciada por quienes buscan servirse a si mismos. Así, en un mundo de desigualdad, injusticia, terrorismo, migración política, crimen, avaricia, negligencia y crisis financiera, el mejor homenaje que podemos hacer a quien dedicó su vida a servir a otros para combatir esos males, es poner en práctica su ejemplo. Engendraremos así su visión de un mundo más humano, más justo, más equitativo, más sincero, más innovador, más solidario y más productivo. Ese legado es y será más duradero que la vida misma.

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