Ecuador. Domingo 11 de diciembre de 2016
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Sacro Profano

Kevin Wright
Quito, Ecuador

El desenlace del Ulises de Joyce es narrado desde la perspectiva de Molly Bloom, su monologo, titulado “Penélope” es el único capitulo que carece de hora fija, ocurriendo en la “no o’clock”.

Para el esquema italiano de la obra, Joyce propuso la lemniscata cómo símbolo zafral de este capítulo. Sin duda, para Joyce, el mundo interior de Molly-Penélope ocurre en la eternidad del destiempo, un estado eflorescente de dicha vital que disiente con el tono impersonal de Leopold en el penúltimo capítulo, “Ítaca”.

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El capítulo final de la Odisea ocurre en el destiempo del inframundo, siendo narrado por un coro de fantasmas, los pretendientes de Penélope, reina de Ítaca, quienes lamentan en el Hades su muerte a manos de Ulises. Describen sus gemidos, el herir de sus cuerpos y el suelo bullendo con su sangre.

Molly, en cambio, cavila sobre los vegetales del mercado, las flores, su menstruación, su juventud en Gibraltar, el espíritu metilado* de la viuda Riordan y los hábitos rústicos de Boylan. Siendo de un tono espontaneo, terrenal, nos da la única voz capaz de silenciar en el lector las voces analíticas y ansiosas de Leopold y Stephen. Para Molly, la gente es natural o antinatural, y concluye que su marido es mejor partido que Boylan porque desea el bien para ella.

Joyce mantenía que el capítulo final debía ser una afirmación, una dilatación de “aquella palabra femenina: Sí”.
El Ulises de Joyce ha sido llamado la “novela total”, aquel ejercicio literario apodíctico, capaz de representar la realidad en su totalidad. Sin embargo, existe una omisión gigantesca en la obra.

Paralelo al proceso de producción de la novela, en Europa sucedía la primera guerra mundial. Nada de este acontecimiento es mencionado o representado en el Ulises, esto produce la lectura que la ausencia de la guerra es precisamente un comentario sobre ella.

Ulises es una obra anagógica, utilizando una argumentación desde lo ordinario para colocar lo profano por sobre lo sacro, el mundo terrenal resulta el mundo ideal. Y así, Joyce se burla de los valores marciales y nacionalistas de su época. Ante el vociferar marcial de Homero, Joyce responde con una voz tímida, enamorada de la vida, que recuerda al Falstaff de Shakespeare. Joyce defiende la sangre menstrual de Molly, un suceso humilde y fastidioso pero lleno de vitalidad ante el lamentar sangriento de un coro de jóvenes muertos.

*Lit. “Methylated Spirit” un juego de palabras.

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