Ecuador. Martes 27 de septiembre de 2016
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¿Presidentes que enamoran o líderes que funcionan?

Cristina Villagómez
Quito, Ecuador

A veces, pienso que nosotros como ecuatorianos vivimos con expectativas demasiado pasionales con respecto a nuestros políticos.

Esperamos que el próximo mandatario sea una persona que, como Rafael Correa en sus inicios, nos mueva el piso. Hoy en día, no hay un candidato que nos enamore, sino, muchos políticos, algunos nuevos otros viejos que no nos llegan a tocar el corazón. Decimos que no tenemos líderes, cuando tal vez es más exacto decir que no tenemos quién nos enamore.

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Cuando el Mashi comenzó su mandato, tuvo una ventaja enorme, pues fue ese joven candidato que deslumbró a la masa. Estremeció a miles con su retórica al punto en el que nadie escuchaba su discurso, nadie escuchaba que mucho de lo que vivimos hoy era muerte anunciada. Anonadados por la melodía de sus discursos y carisma, millones hicieron lo que cualquier ser enamorado hace: fueron permisivos. Pasamos por alto que en el Decreto primero de la Asamblea Constituyente esta se atribuyó plenos poderes, en el mundo del que no está enamorado eso se llama dictadura. Pasamos por alto la narcovalija, los contratos del hermano, los costos excesivos de carreteras, los atropellos, la persecución.

Hoy en día, el enamoramiento se está acabando y nuestros ojos se han abierto. Esta relación disfuncional está llegando a su fin y criticamos más, nos cansamos más, nos aburrimos al fin. Como todo buen romántico, el ecuatoriano quiere que aparezca el político que le haga sentir mariposas en el estómago, al que no escuchará y seguirá hasta que se harte de tanto abuso, otra vez. Los ecuatorianos buscamos al político que nos enamore, en lugar de uno que nos obedezca.

Ahora bien, se vienen las muy esperadas elecciones y podemos aprender o repetir. Podemos elegir al político que no nos ha enamorado, al que estamos dispuestos a cuestionar, al que haremos que cumpla, al que mantendremos a raya. O, podemos esperar a que llegue uno que nos conquiste para que se repita la historia de romanticismo irracional que termina en abusos no denunciados. Amable lector, yo le invito, como ya es costumbre, a exigir propuestas serias en lugar de carisma en la tarima.

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