Ecuador. Miércoles 7 de diciembre de 2016
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Visión alemana

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

La Federación de Cámaras de Comercio e Industria Alemana (Deutscher Industrie-und Handelskammertag, DIHK), aglutina setenta y nueve cámaras de comercio e industria.

Es obligatorio para las compañías alemanas asociarse, con la excepción de aquellas destinadas a las artesanías, agricultura y las personas que ejercen profesiones liberales. De esa manera, la DIHK es vocera de más de tres millones de empresarios, otorgándoles influencia política. No representa a un grupo corporativo específico, sino a todos los comercios alemanes. También tiene capítulos en otras ciudades del planeta.

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Existen países en los que es obligatorio afiliarse a un gremio empresarial y en otros, sucede lo contrario. En Alemania es obligatoria la asociación, porque para el gobierno es fundamental recibir sugerencias de una institución que representa a la mayoría de los sectores de la economía. Esa información permite mejorar el ambiente de negocios y por ende, el bienestar general.

El gremio empresarial alemán ha sido delegado por su gobierno para que titule a seiscientos mil alumnos al año mediante la formación dual, que es un sistema de aprendizaje que le permite a los jóvenes obtener títulos de técnicos después de realizar entrenamientos en industrias privadas.

También se les ha concedido la potestad de certificar taxistas y a conductores de cargas peligrosas cuando aprueban los cursos dictados por las cámaras alemanas. Un ejemplo más de que los sectores público y privado pueden trabajar en conjunto sin tanto debate ni tramitología.

Los gobiernos no están para hacer lo que se les ocurra. Tienen que encontrar mecanismos para conectarse con lo que la sociedad civil requiera. Es vital lograr esa madurez. Recibir información para facilitarles a las empresas crecer y proyectarse al mundo.

Promover desde el sector público la creación de sindicatos y gremios afines al gobierno, envilece al socialismo del siglo XXI. Las instituciones de este tipo no deben ser partidistas. Están para expresar la opinión de sus miembros, no para declarar lo que los gobernantes quieren oír. Tampoco queda claro por qué al presidente le molestan tanto las opiniones diferentes a la suya. Como si fuera un ataque personal. Los estadistas hablan menos y escuchan más. Y cuando, producto de eso, realizan una buena gestión, los votantes somos renuentes a cambiar de autoridades. Ese es el caso del alcalde Nebot.

Es interesante que en Alemania, cuarta potencia económica del mundo, consideren vital el criterio de las asociaciones empresariales, mientras que aquí ocurre lo opuesto. Por eso llama la atención que el vicepresidente y el presidente de la república constantemente mencionen como modelo, a un gremio de Pichincha constituido en el año 2011, que pareciera incondicional al oficialismo. Cuidado están planeando disolver baluartes de la sociedad quiteña y guayaquileña, como lo son las cámaras de comercio de ambas ciudades: por opinar diferente.

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