Ecuador. Sábado 3 de diciembre de 2016
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Complejo de víctima

Juan Carlos Díaz Granados
Guayaquil, Ecuador

Cuando un gobierno limita la libertad de expresión controlando los medios de comunicación, incautándolos y ejerciendo presión ilegítima sobre aquellos que no dirige directamente, se ven afectadas las demás libertades.

Por eso es fundamental lograr dos cosas: la institucionalidad y difundir ideas de libertad.

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Tenemos que fortalecer los poderes del Estado para que funcionen como contrapesos. Que sea imposible que una persona o partido los controle. Y en ese sentido, hay que trabajar en la seguridad jurídica, como la certeza de que el derecho individual prevalecerá sobre cualquier intención de abuso por parte de un tercero.

Comprendo también la seguridad jurídica como parte de una pausa normativa. Lograr que el país no modifique las reglas del juego constantemente, porque eso no permite que los comerciantes planifiquen a largo plazo, sino que deben ajustar constantemente el rumbo para acoplarse a las nuevas normativas. Evita que se concentren en crecer para generar un flujo constante de tributos y empleos. Más allá que el exceso de impuestos nos resta competitividad y desmejoran nuestra calidad de vida.

La otra cuestión en la que debemos trabajar es en fortalecer las ideas de libertad. La obsesión igualitarista es una excusa para limitar la libertad individual e incrementar el dominio del Estado. Desconoce la iniciativa personal como una forma para que la sociedad civil mejore en cualquier ámbito que se desarrolle la persona. El colectivismo es la justificación para la constante restricción de las libertades por parte del gobierno omnipotente, que actualmente está integrado por individuos obsesionados por obtener el poder absoluto.

Para el socialismo del siglo XXI los males son culpa de terceros o de factores fuera de su control. Por ejemplo: el país decrece por culpa de la caída del precio del petróleo y el fracaso del dinero electrónico es consecuencia de la oposición al sistema. Nunca es culpa de los errores de los funcionarios públicos que nos llevaron a la situación actual, gastando más de lo que recibían en ingresos.

Eso es lo malo de todas las ideas comunistas. Le proponen sacrificio al individuo a cambio de un futuro mejor, como si tuviéramos varias vidas por vivir, mientras que los servidores públicos son los únicos que disfrutan de las comodidades proporcionadas por el Estado, pero con nuestro dinero.

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