Ecuador. Martes 27 de septiembre de 2016
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La cultura mafiosa

Maríasol Pons
Guayaquil, Ecuador

Hace muchos años escuché recurrentemente a Alvaro Uribe cuando era presidente de Colombia denunciar el inmenso daño de la “cultura mafiosa” en esa sociedad.

;aríasol Pons

A mí esa frase no deja de perseguirme para poder identificar la carencia de valores que caracterizan al enriquecimiento ilícito.

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La línea entre lo legal e ilegal puede, a veces, ser muy delgada y la miopía sería la primera mejor amiga del romance de la cultura mafiosa. Cuando el expresidente se refería a ella era por el daño que hacía el narcotráfico a la sociedad colombiana como también al cáncer que significa para la sociedad la narcoguerrilla. Telenovelas como el Patrón del Mal, a la que me opongo porque alimenta el morbo y contamina a la población difundiendo las prácticas de un personaje macabro mediante un actor muy carismático, pueden tener el efecto negativo de diseminar lo mítico de esas vidas que fascinan al mundo entero sin poder medir el verdadero daño a nivel mundial de dicha actividad. Ver estos programas sin criterio analítico se presta para glorificar la cultura mafiosa.

El punto medular cuando hablaba Uribe sobre la cultura mafiosa, a mi manera de entender, era la relevancia de formar una sociedad construida en valores positivos como los del trabajo, la decencia, la dignidad y la honradez. Uribe se caracteriza por ser un líder muy trabajador pero también bastante enérgico, su presidencia tuvo más de un escándalo, sin embargo, es innegable que durante ella se lograron importantísimos golpes a la narcoguerrilla (FARC). La próxima semana en Colombia se votará a la pregunta del plebiscito, Uribe junto con Pastrana -quienes no son aliados políticos- están unidos por el No. La pregunta, se dice, está manipulada para inclinar la votación al Si. Las encuestas preliminares hablan de que la mayoría quiere que las FARC deje las armas a cualquier costo. El problema de la cultura mafiosa se les salió de las manos y hoy el costo es inmenso porque las prebendas del acuerdo de paz son, en mi opinión, demasiado generosas con un grupo que no ha hecho sino destrozar por décadas nuestro vecino país.

El hecho es de mucha relevancia, habrá que analizar luego del resultado del plebiscito, como puede esto afectar al Ecuador. Los problemas fronterizos, la incursión de dineros de la guerrilla en nuestra economía así como de su producto para salir a las costas del Pacífico no son una novedad, el negocio del narcotráfico es el tercer negocio más lucrativo del mundo después de la trata de blancas y el tráfico de armas, lo cual significa que las exportaciones de este material no cesarán sino que encontrarán otra vía. Es sensible abordar estos temas pero no hablarlos puede ser letal, si no miremos hacia el Norte.

Negocios como el narcotráfico no prosperarían si no encontraran cobijo en la cultura mafiosa, esa que hace que los seres humanos estén dispuestos a cualquier cosa con tal de ganar mucho dinero y rápido. Cualquier enriquecimiento ilícito responde a estas características y todos lo notamos, gente que antes tenía poco o nada y ahora vive despilfarrando o en condiciones que hacen evidente que la fuente de su riqueza es de dudosa procedencia. No hace falta señalarlos, ellos saben quienes son. Lo que debemos fortalecer es la cultura de valores que debe sostener a nuestro país, formar personas que dan prioridad a un vida decente y digna, al trabajo honrado, a un sueño profundo en las noches y a una mirada altiva que no se avergüenza porque no tienes razones para hacerlo. Acostumbrémonos a hacer conciencia de los hechos de nuestro entorno y dar peso a esa estructura de valores que da lugar a una sociedad sana y productiva.

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