Ecuador. Sábado 10 de diciembre de 2016
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El cantinfleo del inspector

Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

Las piruetas del incompetente inspector del trabajo de Pichincha, “doctor” Alex Cordovez Holguín (afiliado al gremio de funcionarios que ilusamente creen que pueden pisotear los derechos de quienes han invertido en acciones de una compañía deudora, torciendo la ley como si esta no dijese que solo puede cobrarse a los accionistas en caso de que tal compañía hubiese sido usada como pantalla para cometer un fraude), tienen, a la fecha, cuatro meses de duración. Y no hay autoridad que le ponga freno. La corresponsabilidad es irrefutable. Veamos:

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El 30 de mayo de 2016 el incompetente inspector, de un plumazo, es decir sin explicación alguna sobre aquello del uso de la compañía editora de Diario Hoy como pantalla para defraudar, ordenó la retención de cuentas bancarias de quince de los casi trescientos accionistas por la totalidad de los USD 3´200.000 adeudados a los trabajadores. Entre aquellos solo uno, Jaime Mantilla, era controlador (con el 58,54 %); el resto no tenía ni el 3 %.

El 12 de septiembre de 2016 el incompetente inspector amplió el plumazo a la totalidad de los accionistas, pero ya no por la totalidad de la deuda a cada uno, sino proporcionalmente a su participación en el capital.

Dos días después cambió de opinión: mandó que todos los accionistas paguen toda la deuda, ya no proporcionalmente, ordenando que se les retenga las cuentas bancarias, afectando las actividades de decenas de personas, entre las que se encuentran muchas empresas sanas y productivas, que generan miles de empleos. Demencial: por unos pocos dólares en acciones, responder por una deuda millonaria.

Y finalmente, frente al escándalo público, volvió a recular regresando a lo dispuesto el 12 de septiembre (proporcionalidad), como si con semejante graciosa “concesión” disimulase la espantosa ilegalidad de hacer responsables a los accionistas, por el mero hecho de serlo, de las deudas de una compañía.

El incompetente inspector debe al menos ser destituido. Hasta tanto, los discursos de los ministros encargados de fomentar la inversión serán solo engañifa.

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