Ecuador. Miércoles 7 de diciembre de 2016
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La esclavitud escolar

Raquel Rodas Morales
Quito, Ecuador

El niño está hecho de cien
…..
Cien siempre cien
maneras de escuchar
de sorprender y de amar,
cien alegrías para cantar y entender,
cien formas de descubrir
cien mundos para inventar
cien mundos para soñar

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El niño tiene cien lenguajes pero le roban noventa y nueve
la escuela y la cultura….

Loris Malaguzzi

En los primeros días de mayo de este año 2016 el organismo máximo de Naciones Unidas, después de sesudas discusiones, resolvió recomendar a las naciones del mundo que se prohíban las tareas escolares considerando que son actividades que atentan contra el uso del tiempo libre de la niñez, tiempo que debería servir para el esparcimiento, la realización de actividades creativas que podrían disponer a su elección, o para el afianzamiento de los lazos familiares.

La decisión de la ONU cayó como un chorro de agua fresca para pedagogos y psicólogos que analizan o están en contacto con los procesos complicados que atraviesan muchos chicos y chicas de este tiempo.

En otros casos la noticia fue alarmante porque aparentemente colapsaba la organización familiar pues se cree a pie juntillas que los deberes son necesarios y ayudan a sacar mejores calificaciones. Las tareas escolares son una manifestación de las esclavitudes que todavía sobreviven en el mundo y son inútiles. Un rezago de antiguos métodos coercitivos e infames contra la infancia: castigos físicos y humillaciones que se suponía tenían carácter formativo. Recientemente Harris Cooper, prestigiado profesor de la Universidad de Duke declaró: “No hemos encontrado evidencia de que las tareas ayuden a los niños a ser mejores estudiantes”*

La inserción actual de padre y madre en el mundo laboral conlleva varios inconvenientes que cercan la vida de sus hijos e hijas quienes viven muchas veces en soledad, abandono o en compañía de personas que no favorecen su crecimiento humano. Por esta misma razón muchos padres creen que las tareas escolares les mantienen ocupados y protegidos dentro de la casa. Supuestamente, los deberes refuerzan el conocimiento. Falacia. El mismo proceso educativo, cuando es concatenado, secuencial, racionalizado e interesante, afianza el conocimiento. La emoción placentera es clave en el transcurso del aprendizaje. Bolívar recordaba que su maestro Simón Rodríguez enseñaba divirtiendo.

La medida sabia de Naciones Unidas va a la raíz del problema: la ineficacia del sistema escolar y la necesidad de sustituir los viejos modelos educativos por otras visiones y nuevos proyectos pedagógicos. El mejoramiento de la infraestructura puede ayudar en ciertos casos pero no es lo principal. Recuérdese que Rabidranath Tagore educaba conversando con sus pupilos bajo un árbol, una especie distinta según el área de conocimiento que abordaba. Hoy existe un sistema educativo libre que asumen los mismos padres o madres, solos o asociados entre ellos: sin lecciones, sin deberes y sí con libros, con visitas a lugares de interés: mercados, museos, complejos deportivos, talleres, laboratorios; viajes y demás eventos con los que se familiarizan, se interesan y gozan los pequeños. El ejemplo, el interés y el afecto de los progenitores o cuidadores es la mejor aula de clase.

“No me gusta la escuela”, “ya no quiero ir a la escuela”, “me mandan muchos deberes”, “me aburro en la escuela” son frases que pronuncian frecuentemente niñas y niños. A esos niños críticos solamente el recreo da sentido y placer a la vida escolar. Ante la ineficiencia de los métodos que se utilizan en las aulas se supone que la esclavitud escolar de los deberes va a solucionar esa brecha. Grave equivocación. Por otro lado, los deberes deben ser revisados en la siguiente clase. ¿Cuánto tiempo da a esta labor cada docente, restando el tiempo destinado a avanzar en su tarea? O simplemente lo pasa por alto con lo cual el esfuerzo del alumno cumplidor no sirve para nada.

En el mundo de hoy se aplican otras modalidades educativas que ya no acuden al enciclopedismo, a los exámenes, a la palabra incansable del docente sino al descubrimiento, a la invención, a la discusión de ideas, a la imaginación de proyectos, al análisis de los hechos. Más que a ser una persona exitosa o un “hombre de provecho” como apuntaba la comedia de F. Guarderas, lo que el niño y la niña necesitan no es solo saber cosas, temas; lo más importante es aprender a pensar, a discernir, a inventar, a vivir de forma agradable y ética. Aquí mismo, en el Ecuador, se han aplicado esporádicamente estas innovaciones con el beneplácito y la gratitud del alumnado.

Los fracasos han venido desgraciadamente del sistema administrativo que no sostiene las innovaciones y las modifica al vaivén de los cambios políticos. O que pone al frente del despacho a un hombre común que no ha estudiado pedagogía y que ejerce su función como fuente de poder o de provecho. El caso más palpable es el del actual Economista que interpreta a su manera la sugerencia de Naciones Unidas,(sin citar el origen de la propuesta) y plantea porcentajes de tareas para ser suprimidas. Otra de sus galimatías y sus shows que enriquecen la larga zaga de torpezas y ridiculeces que el magisterio serio, profesional de buena data, atesora para sus horas de humor.

*hsbnoticias.com/noticias/opinion/estudiantes-cero-tareas-

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