Ecuador. Viernes 9 de diciembre de 2016
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“And Yet”

Kevin Wright
Quito, Ecuador

El modernismo fue un movimiento abiertamente radicalista en la lírica, sus practicantes abogaron una “revolución de la palabra”, para algunos este interés por el cambio radical se extendió a la política. Los modernistas más importantes, Eliot, Stein Pound y Yeats, militaron desde la extrema derecha.

Inspirándose en Blake y en Shelley, Yeats buscó durante dos años elaborar en verso una visión profética que combine su misticismo con sus opiniones políticas. El resultado es su Second Coming, un poema celebrado por muchos por su potente uso del pentámetro yámbico y su capacidad evocativa, lograda en tan solo dos estrofas y veintidós líneas.

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El poema comienza con el símbolo del halcón, emblema heráldico de la realeza y el orden, circulando lejos en el cielo, demasiado lejos para ser recuperado. De ello se sigue a la imagen de una marea roja de sangre, aludiendo a la ansiedad frente a la revolución bolchevique y al eirí amach na cásca, el alzamiento de pascua, que Yeats sentía como advientos del fin del “giro” o era cristiana.

La primera estrofa concluye con el juicio personal de Yeats, su aversión reaccionaria frente a los movimientos materialistas populistas: “Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores /están llenos de apasionada intensidad.” Este juicio conduce al centro del poema, a partir del cual se deriva el título, “la segunda venida” alude al nombre de la segunda venida de cristo que llevaría al Apocalipsis, la batalla del fin de los tiempos. Yeats no era cristiano y tampoco creía en la escatología, en un fin definitivo de la historia. Es tentador tildar sus creencias personales como místicas o incluso paganas, pero la verdad es que Yeats desarrolló un sistema de creencias cosmológicas idiosincráticas, centradas en torno a una visión circular de la historia que alterna entre dos formas. El extremo de una de estas formas engendra y predice a la otra, llevando a una nueva sucesión del ciclo. El poema gira, como los “gyres” de Yeats, para predecir la llegada de una nueva era, representada por la bestia áspera que eclipsa la mirada con su inmensidad, una especie de esfinge masculina que amenaza las visiones previas y promete destruir los deseos de los oponentes de Yeats.
Yeats no celebra la violencia que describe, pero parece juzgarla como necesaria o inevitable. Esto lo diferencia de sus compañeros como Pound o Stein, que elogiaron el ascenso de la extrema derecha. El desapego sentido al comienzo del poema es la imparcialidad del profeta y da paso al miedo abyecto sentido frente a la inevitabilidad de una violencia que excede la violencia de los populistas: el poder de la fuerza contrarrevolucionaria.

Yeats demoró dos años en publicar su Second Coming, los primeros esbozos del poema coinciden con la llegada de las Freikorps al Báltico, fuerzas proto-fascistas cuya intención era frenar el ímpetu de la revolución rusa. El lema de las Freikorps era “Und Doch” lit. “y sin embargo” o “aun así”.

 

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