Ecuador. Sábado 3 de diciembre de 2016
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La desilusión de Hillary

Raquel Rodas
Quito, Ecuador

Las encuestas le favorecían.

Los votos lo probaron. Hillary tenía un gran predicamento y podía convertirse en la primera mujer en asumir el poder político de la gran nación americana considerada la primera potencia mundial.

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Hillary Rodhan, apellidada Clinton desde 1982 por presión social de la comunidad que veía mal que no llevara el apellido de su esposo cuando este ejercía la gobernación del estado de Arkansas, es integrante de la Academia de Ciencias y Artes de los Estados Unidos y tiene una decena de Doctorados Honoris Causa y muchos reconocimientos de altísimo nivel.

Hillary nació en Chicago en 1947. Conoció a su futuro marido en la Universidad de Yale donde ella se graduó de abogada. Luego hizo un postgrado en niñez y medicina. Desde entonces Hillary tenía plena conciencia de sus intereses intelectuales y de su vocación social. Le dio largas al asunto del matrimonio porque quizá intuía que la sujeción a un hombre le restaría oportunidad para llegar a sus propias metas. No quería detener el camino de perfeccionamiento y compromiso que se había autoimpuesto.

Hillary siempre destacó entre sus pares por la calidad de su pensamiento y su independencia de criterio lo que la volvía un tanto controversial. Betty Friedman, la autora de la Mística de la Feminidad, un libro clave del feminismo de la segunda ola, consideraba a Hillary una mujer de inteligencia excepcional. Me parece que Hillary nunca se ha declarado feminista a pesar de haber hecho desde su juventud acción política concreta en torno al bienestar de las mujeres nacidas en el país o migrantes de otros países y de sus criaturas. Su lucha se dirigió en especial contra la violencia masculina y el abuso infantil, y, para combatir estos males sociales se integró a instancias jurídicas especializadas. Se opuso al Presidente Reagan que quería disminuir los fondos destinados a la protección de la infancia. También defendió a la niñez desde la academia proponiendo nuevos programas de educación. Hillary es autora de cinco libros, uno de ellos se titula “Dejemos que los niños nos censuren”.

Cuando Bill Clinton llegó a la Presidencia de los Estados Unidos ayudó a Hillary a crear la primera Oficina Jurídica contra la Violencia a la Mujer. Como Primera Dama, la señora Hillary preparó la Reforma al Sistema Nacional Sanitario que según declaró era más importante que el Tratado de Libre Comercio.

En los cien países que visitó siempre abordó el tema de la situación de las mujeres en el mundo. También fue defensora de los derechos de los gays. Hizo suya la proclama: “Los derechos de los gays son derechos humanos”. Todas estas acciones de la Sra. Clinton dieron un nuevo sentido a la política oficial en cuanto misión de “cuidar el mundo” en la línea propuesta por la filósofa Hanna Arendt. No obstante, la novedad y el brío del pensamiento político de Hillary Rodhan Clinton le abrió un frente de oposición de aquellos cuya máxima aspiración era asegurar el crecimiento empresarial y enriquecerse más, sin importar las duras condiciones de sobrevivencia de grandes masas de la población que trabajaba para ellos.

La política social de Hillary permitió el apoyo de grandes sectores de la población estadounidense en su carrera hacia la primera magistratura de la nación. Figuras representativas como Meryl Streep esperaban tenerla en la Casa Blanca como Presidenta de la Nación y veían en su triunfo una victoria simbólica para todas las mujeres del mundo que han luchado por liberarse de los traumas impuestos por la sociedad. Fue precisamente en Estados Unidos donde comenzó la lucha de las sufragistas a partir de la Convención de Niágara Falls en 1848 y continuó hasta las primeras décadas del siglo XX. Las sufragistas exigían participar en las decisiones que concernían a sus vidas y al destino de su país. Cansadas del silencio de las autoridades públicas debieron acudir a medidas violentas como huelgas de hambre, encadenamientos a las verjas y en consecuencia ser víctimas de arrestos policiales y encierros en las prisiones del Estado. La lucha de las sufragistas estadounidenses logró en 1920, bajo la presidencia de Woodrov Wilson la aprobación de la XIX Enmienda que concedió el voto a las mujeres estadounidenses.*

Pero así como amplios sectores de la población estadounidense alentaban a Hillary en su objetivo de llegar a la Presidencia, distintos grupos sociales feministas, ecologistas, pacificistas no la apoyaron porque encontraban en ella ciertas incongruencias como su tendencia a favorecer intervenciones militares y acciones bélicas en contra de pueblos de Medio Oriente y África acosados por tiranos pero también con grandes indefensiones y problemas de sobrevivencia humana.

En las elecciones del 8 de noviembre de 2016 aunque Hillary había obtenido numéricamente más votos que el troglodita Trump el sistema eleccionario representativo por jurisdicciones que mantiene Estados Unidos le impidió concretar su sueño de convertirse en la primera mujer presidenta de la nación.

La victoria de Donald Trump y la derrota de Hillary Clinton permiten una visión poliédrica del hecho histórico que ha sido abordado ya por varios analistas. Pero la pregunta clave se mantiene: ¿Qué permite triunfar a un hombre torpe sobre una mujer inteligente? Sin duda “la misoginia delirante”, el patriarcado más hostil que se haya podido constatar en vivo y en directo; la matriz capitalista totalmente despiadada y arraigada en el territorio yanqui; el maremagnun de intereses de sobrevivencia de la más diversa procedencia; el estado del mundo actual en crisis permanente.

La desilusión de Hillary es también nuestra propia desilusión.
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* Las inglesas lo habían logrado en 1918 tras 86 años de lucha. Las ecuatorianas en 1929 gracias a la presión constante de las sufragistas quiteñas encabezadas por Zoila Ugarte de Landívar. Matilde Hidalgo fue la primera votante en 1 924 valiéndose de una ambigüedad de la Ley de Elecciones vigente a esa época.

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