Ecuador. Viernes 2 de diciembre de 2016
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Nuestros gerentes

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Los mandatarios electos a cargos públicos son como los gerentes generales de una empresa.

Responden ante una junta general de socios (ciudadanos) y no pueden hacer lo que dicte su voluntad. Solamente pueden obrar de acuerdo a lo que está permitido por los Estatutos de la sociedad (leyes del país). Su misión tampoco es discriminar a los accionistas, sino servirlos, para lograr su bienestar.

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Cuando un administrador presenta balances deficitarios, la junta general de la compañía solicita que rectifique. Pero por alguna razón, hemos aceptado que eso ocurra con la administración pública.

Si ese mismo gerente insistiera en su estrategia perdedora de administración y solicitase que los socios aporten más capital (impuestos), sería despedido.

Peor aún, si la junta general conociera que en su administración existe corrupción. Que es un administrador incapaz de controlarla o participó en ella como autor, cómplice, encubridor o por omisión. No es que en arca abierta los justos pecan. El arca debe estar cerrada y es responsabilidad del gerente mantenerla así. Para eso también fue elegido.

Nuestros representantes tienen la responsabilidad de hacernos quedar bien. Por más que piensen diferente a sus mandantes. No se puede defender a guerrilleros o criminales a nombre de un país.

Pareciera que nuestros servidores públicos se sienten monarcas y que su poder proviene de lo divino. Pero la historia muestra que incluso ciertos reyes tuvieron que abdicar porque no pudieron cumplir la normativa que los regía.

Winston Churchill dijo que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Ojalá nuestros administradores públicos, elegidos por voluntad popular, comiencen a pensar así. Que no sigan endeudándonos para mantener el gasto populista, sacrificando el futuro de las próximas generaciones, mientras ocultan a sus mandantes las deudas en las que han incurrido a nuestro nombre.

En las próximas elecciones debemos elegir personas competentes, que solucionen el problema económico que el gobierno ha ocasionado a pesar de haber recibido la mayor cantidad de ingresos en la historia republicana.

Lo importante es que el gobierno genere felicidad y oportunidades a cada uno de los ciudadanos, respetando su libertad individual. No lo contrario.

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