Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Alba

Carlos Jijón Jurado
Guayaquil, Ecuador

Algo que encontrarás frecuentemente hablando de películas es la idea de que cierto cine es más predecible que otro.

“El trabajo comercial es homogéneo y mecánico mientras que el independiente es innovador y diferente”, he escuchado decir. En mi experiencia esto no es verdad. Lo inofensivo y convencional se puede ver en todas partes. Esto me vino a la mente cuando veía Alba, la más reciente película ecuatoriana en llegar a los cines.


Publicidad

Es el primer largometraje de la directora quiteña Ana Cristina Barragán y sigue la historia de Alba, una niña de once años que tiene que enfrentarse, entre otras cosas, a las dificultades de crecer, la soledad y la enfermedad. Es una de esas películas lentas, sin mucho diálogo y muy bien filmadas que te vienen a la cabeza cuando escuchas “ganó muchos premios”. Y, siendo justos, de verdad es muy buena. La actriz principal, Macarena Arias, es excelente frente a la cámara, versátil y capaz de caracterizar a Alba de formas interesantes y sutiles. El tono es consistente, el diálogo es creíble y todo se ve muy bien. Y es un poco triste decir que incluso con todo ese esfuerzo y talento la cinta es increíblemente convencional.

No estaba tratando de ser conciso con la trama en el párrafo anterior. La historia de verdad es “Alba es una niña…”. Sinceramente no sé si el término ‘trama’ sea el adecuado. Lo que vemos en pantalla no es tanto una historia como una serie de escenas que bien podrían estar en desorden y no habría diferencia para el espectador. También dije que es ‘lenta’, pero eso tampoco es preciso porque ‘lenta’ implica movimiento y la película nunca llega a ninguna parte. Como existe, Alba es una serie de escenas muy bien dirigidas que podrían mostrarse fuera de contexto y tener el mismo efecto que tienen en medio de la película.

El problema para mí es que Alba nunca deja de sentirse segura. Es una historia coming-of-age en lo más básico. Ver las dificultades del mundo desde el punto de vista de alguien inocente es muy profundo pero también es algo que se ha hecho millones de veces. Me viene a la cabeza Mustang, esa película turca que salió el año pasado sobre una niña revelándose contra su ambiente hiperconservador. Sin necesidad de irnos muy atrás está Wadja, Room o Boyhood, que son memorables porque logran innovar y tratar ideas interesantes.

No ayuda que las cosas se pongan cada vez más predecibles conforme avanza la película. No tienes que esforzarte mucho para adivinar cuándo va a haber un momento emotivo o qué personajes van a aparecer en él. Incluso las decisiones de vestuario son obvias. Sabemos que Alba es introvertida porque está despeinada y que su amiga Eva es interesante y diferente porque tiene cabello corto y una chaqueta de cuero. Creo que, aparte de Alba y quizá su padre, ningún personaje tiene profundidad. El elenco consiste en ‘compañera de escuela 1’, ‘madre preocupada’, ‘doctor’ y ‘adulto’.

No quiero que suene como si Alba fuera una película terrible, porque de verdad no lo es. Sus altos valores de producción y solida actuación principal la hacen en mi mente la mejor película producida nacionalmente que he visto en el año. Pero, habiendo dicho eso, no es una experiencia que volvería a tener y no estoy seguro de a quién se la recomendaría. Claramente hay un público para este tipo de cine introspectivo, pero no sabría cómo definirlo. Quizá si la ponen en Netflix, la gente la puede encontrar en la sección de ‘te podría gustar’. Aunque, considerando como funciona ese algoritmo, probablemente terminaría a lado de Carrie o algo parecido.