Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

La corrupción, el broche que cierra el 2016

Martina Vera Pérez
Quito, Ecuador

Ecuador cierra el año de la misma manera en que lo abrió: con escándalos de corrupción sacudiendo la esfera publica y sin ser quien revela la primicia pero sí quien la procesa a destiempo.

Martina Vera

También lo hace con la certeza de que no es el principio ni el fin de una tormenta en la que son muchos los corruptos, solo algunos los investigados y pocos los sancionados en un sistema que ha sido por demás permisivo con la impunidad ¿Podremos reformarlo en el 2017?

Denuncias externas, demoras internas


Publicidad

El primer día de enero del 2016 las revelaciones del FBI que implicaban a altos dirigentes del fútbol ecuatoriano con el mayor escándalo de corrupción de la FIFA salieron a la luz con nombre y apellido. Pese a que el caso fue un secreto a voces desde Junio del 2015, la fiscalía ecuatoriana no vinculó ni procesó a ningún dirigente hasta que EEUU no compartió su lista e hizo de ese un tramite inminente. Algo similar sucedió con el caso Petroecuador que se destapó en abril. A la espera de noticias externas sobre un asunto interno, el Fiscal General de la Nación tardó tanto en vincular a Carlos Pareja Yannuzzelli a la investigación que le dio el tiempo suficiente para abandonar el Ministerio de Hidrocarburos en mayo y salir del país en agosto. ¿Cuáles fueron los medios que facilitaron el crimen sin castigo a gran escala?

Institucionalidad falsa

A partir del 2013, en el país se consolidaron varias entidades plagadas de burócratas que otorgaron un falso sentido de institucionalidad al país. Falso porque a medida que nuevos órganos de control y autoridades del quinto poder se forjaron con mecanismos de constitución cuestionables, también lo hizo la corrupción impune y sistematizada. Impune lo fue antes, sistematizada de manera reciente. A eso, se sumaron la limitación del poder de la Contraloría y la entrega de contrataciones directas al declarar el estado de emergencia. Sentadas las bases del sistema, uno a uno se fueron sumando sus beneficiarios y también sus detractores.

Sabremos quienes vuelan y quienes pagan

El último día del año cierra con broche de oro un bochornoso 2016 en el que los detractores más visibles de un sistema que facilitó la corrupción y solapó la impunidad somos los ciudadanos. Hoy, se repiten por tercera vez consecutiva negligencias internas con denuncias de corrupción externas del caso Odebrecht. Apenas el 29 de diciembre la Fiscalía confirmó el envío de la solicitud de asistencia penal a EEUU en esta materia y no dio noticias sobre el envío del mismo recurso a Brasil. Las demoras, dicen, se deben a complicaciones en traducir los documentos. ¿Mientras ellos traducen, quienes encubren? ¿Cuáles escapan? Seguramente lo sabremos en el 2017 cuando la confesión de Marcelo Odebrecht se haga pública y en consecuencia la acción de la fiscalía ecuatoriana inminente. Sin embargo, no habrá justicia verdadera hasta que no se reforme la falsa institucionalidad que solapa la corrupción. Eso podría lograrse desde el poder legislativo con mayoría y en algunos casos con consulta a la ciudadanía y a una Corte Constitucional afín al oficialismo. Será una tarea compleja, quizá inalcanzable en una solo legislatura. Aún así, a pasos cortos, llegará el día en que sabremos quienes decidieron cuales fueron las cabezas que volaron a disfrutar de nuestro dinero y cuales las que les sirvieron de chivo expiatorio y pagaron por ellos ¡Hasta entonces, estaremos a la espera de un 2017 más justo y menos servil!