Ecuador. jueves 21 de septiembre de 2017
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Corrupción

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Los socialistas creen que pueden planificar nuestras vidas porque parten de la premisa de que somos iguales. 

Como cuando los marketeros del pasado le decían a uno que un chico de veinte años estaba en el segmento al que exclusivamente le gustaba el rock.  La realidad es que ningún individuo es igual.  Alguien de veinte años puede ser adepto de cualquier género musical.  No se puede encasillar a la gente.  Esa es la causa por la que el colectivismo propuesto por la izquierda jamás ha funcionado.  Tenemos intereses diferentes.


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Somos iguales desde el punto de vista de los derechos humanos.  La libertad implica derechos como el permitirnos estudiar lo que nos guste y  gastar lo ganado legítimamente en lo que queramos, sin que nadie nos critique.  El modelo de libre mercado precautela el derecho a la propiedad.  El Estado es el servidor, no el amo.

Obedecer un plan delineado por un sabelotodo del sector estatal o distribuir la pobreza, jamás motivó la prosperidad.  Pensamos y decidimos solos.  Ningún Estado ha inventado algo.  Son los individuos quienes, en un ambiente de libertad y seguridad jurídica, innovan.

Estos últimos meses se han difundido pruebas de la corrupción de quienes pretenden dirigir nuestras vidas.  Son personas que participan en un sistema que evita que exista un poder judicial independiente para procesar las denuncias de delitos cuyas evidencias provienen del extranjero.

Es vital lograr la independencia de poderes para controlar el desmadre que vivimos gracias a la ruptura de la institucionalidad.  No se encausa a quienes tienen graves indicios de culpabilidad sino que se los deja escapar; se desacredita a los denunciantes y se aviva la propaganda defendiendo las omisiones del régimen.  Una justicia dirigida por una persona no es justicia.

No puede ser que el crimen pague sin consecuencias.  Que convertirse en un funcionario de gobierno sea una forma fácil de enriquecerse, haciendo sentir como tontos a los que trabajamos honradamente.  Tampoco es posible que la mayor parte del tiempo el sector privado tenga que enfocarse en defenderse del socialismo del siglo XXI, en lugar de buscar más y mejores formas de producir.

Este gobierno, que ha demostrado proteger a los idearios corruptos, es el que nos complica la vida.  Ha generado y generará toda clase de impuestos.  Los tributos y la inflexibilidad laboral nos han restado poder adquisitivo, desmejorando nuestra calidad de vida.  Los mandatarios fueron elegidos para crear la mayor cantidad de oportunidades con el fin de que todos progresemos.  No lo contrario.

Ser funcionario público debería ser un honor para el ciudadano.  La mejor forma de servir a la población.  Un ejemplo para los menores.  Una sociedad con la visión actual, está condenada al fracaso.

Las elecciones son una oportunidad para conseguir el cambio político que cure estas taras.  Alcanzar un modelo de honestidad precautelado por un poder judicial imparcial  nos convertirá en una nación más grande en todos los sentidos.  El peculado, el cohecho, la concusión y el lavado de activos de quienes promueven la envidia, no debe prevalecer. La libertad y el respeto al derecho a la propiedad privada sí.  Esperemos que el 2017 nos depare un futuro mejor.  Por el bienestar de nuestras familias.