Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Ecuador quiere respuestas

Juan Carlos Díaz-Granados
Guayaquil, Ecuador

El artículo 115 de la Constitución determina que “El Estado, a través de los medios de comunicación, garantizará de forma equitativa e igualitaria la promoción electoral que propicie el debate y la difusión de las propuestas programáticas de todas las candidaturas.”

El debate es una garantía que consta en la Ley Suprema vigente y hasta que no sea enmendada porque a alguien no le gusta la palabra debate, debe respetarse. Las elecciones son el momento cumbre de la incidencia ciudadana y por eso la Constitución lo impulsa como una forma de intercambio de ideas para que los votantes podamos elegir con conocimiento de causa en un ambiente de diálogo con respeto.


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El Ecuador quiere respuestas sobre temas que afectan nuestra situación de acuerdo a diversos estudios. Cuestiones como la seguridad y el consumo de drogas; el mercado laboral; la corrupción; la seguridad social; la política tributaria; reglas macroeconómicas; gobernabilidad, la libertad de expresión y opinión. Tenemos derecho a conocer sus opiniones sobre estas materias si quieren dirigir el destino del Ecuador.

Es vital analizar cómo se desenvuelven quienes aspiran a ser nuestro mandatario cuando se confrontan ideas. ¿Son irascibles? ¿Intolerantes? La vida de los presidentes de una nación no se desenvuelve contando chistes ante una audiencia sumisa, sino exponiendo la posición del país ante foros internacionales o ambientes difíciles en los que no todos opinan como el mandatario que sustenta una tesis. Es parte de las responsabilidades del trabajo para el cual los postulantes quieren que los contratemos vía elecciones. En un debate sabremos si existe la posibilidad de elegir a un estadista o a un ignorante en asuntos de Estado sin capacidad para ejercer el cargo.

La Cámara de Comercio de Guayaquil solamente es una facilitadora para que los electores podamos conocer esta información. Más allá de que su organización es una tradición de una institución centenaria de la ciudad más poblada, el debate no es del gremio, es de los medios de comunicación y de los dieciséis millones de ecuatorianos. Cada persona sacará sus propias conclusiones después de escuchar a los aspirantes. Una oportunidad sinigual para que los candidatos puedan enviar su mensaje al mundo a través de los medios de comunicación tradicionales y no tradicionales. El éxito de esa misión dependerá del talento individual. De nadie más.