Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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La jaula

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

En el periodo legislativo 2009-2013 la Asamblea Legislativa aprobó 64 leyes.

De este total, el 44 por ciento correspondió a leyes orgánicas. En el actual periodo legislativo (2013-2017), las leyes orgánicas se han incrementado para constituir hasta ahora el 65 por ciento del total de las 60 leyes aprobadas por el Poder Legislativo. Según la Constitución, las leyes orgánicas son leyes excepcionales, pues únicamente deben ser aprobadas para regular cierto tipo de materias. Por su carácter excepcional son leyes que requieren tanto para su aprobación como para su reforma o derogatoria una votación superior a la exigida para las leyes ordinarias. Sin embargo, un examen detenido de las leyes orgánicas aprobadas bajo la Constitución de Montecristi revela que, por la materia sobre las que ellas versan, apenas cinco o seis ameritaban ser aprobadas como tales. Las demás debieron ser aprobadas como leyes ordinarias nomás.


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El resultado de este inconstitucional uso de leyes orgánicas es dejarle atadas las manos al próximo Gobierno. En vista de que será muy probable que la próxima Asamblea tenga una composición fragmentada, al nuevo presidente de la República se le hará casi imposible reformar las leyes orgánicas que le deja en herencia el actual Gobierno, y que son leyes que reflejan su particular visión de gobernar. De existir una Corte Constitucional independiente del actual Gobierno, una solución sería solicitarle que declare inconstitucional semejante abuso de poder. Pero sabemos que eso no será posible porque los magistrados de la presente Corte Constitucional, que no han dado muestras de independencia respecto de la actual dictadura, seguirán en sus cargos por varios años más.

Lo anterior es apenas un ejemplo de la precaria situación en la que se encontrará el próximo presidente de la República, en el evento de que desee sinceramente cambiar el actual estado de cosas. El país debe estar consciente de que la Constitución de Montecristi ha servido para legitimar el actual sistema, que se ha caracterizado por ser autoritario en lo político, ineficiente en lo económico y profundamente corrupto. El autoritarismo político, la ineficiencia económica y la corrupción han encontrado en la actual Constitución su principal sostén. Si bien podría argumentarse que estos tres elementos que han caracterizado al poder político tuvieron su origen en un discurso y prácticas de corte fascista, no es menos cierto que la estructura constitucional ha sido un factor decisivo para que ellos prosperen. En la Constitución están las simientes de un Estado que sirvió para que una casta de individuos derroche y dilapide 350 mil millones de dólares sin que nadie les exija rendición de cuentas; violente brutalmente los derechos humanos; y, facilite el que es probablemente el mayor saqueo de los fondos públicos desde la fundación de la república. La de Montecristi es una de esas constituciones que, al decir del profesor Adam Przeworki, no fue redactada pensando en que la oposición podría algún día gobernar.

Lo anterior debería llamar a la reflexión de los candidatos presidenciales, al menos de los que desean realmente cambiar el actual modelo. (O)

* El texto de Hernán Pérez Loose ha sido publicado originalmente en El Universo.