Ecuador. lunes 16 de octubre de 2017
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¿Desde cuándo se trazó el camino del fraude?

Víctor Cabezas
Quito, Ecuador

El Consejo Nacional Electoral ha decidido sumir al país en un peligroso juego.

Están jugando a decir y contradecir, a mostrar y esconder, a anunciar horas para después retardarlas. Esta treta se parece mucho al partido de futbol liquidado a los noventa minutos. Ese partido que está en empate con todos expectantes para el alargue pero con un árbitro que se niega a dar el pitazo final. Con el típico referee que simplemente no puede aceptar la realidad arrolladora, terminar la agonía y respetar la fortuna del partido. El problema es que mientras un árbitro juega con las emociones del deporte, el CNE está jugando con la voluntad popular que hace rato no se mostraba tan diáfana y aplastante contra el poder establecido.


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El fraude, sin embargo, no es una cuestión fortuita que aparecerá, o no, en los próximos días. El fraude es una cuestión más compleja que superar los resultados finales. El fraude, a mi juicio, se empezó a cocinar desde tres momentos en este proceso electoral. Primero, desde que la composición del CNE no reflejó en ninguna medida equilibrio, objetividad ni mucho menos independencia. Es cierto, no podemos esperar que este poder sea captado por entes inmaculados de todo pecado y ajenos a todo interés político. Sería imposible. Pero por lo menos los ciudadanos tenemos derecho a que sus integrantes sean personas con capacidad de imponerse frente al poder, tenemos derecho a que el CNE esté compuesto por ciudadanos que tengan el talante para defender nuestra decisión y ponerle freno a la aplastante maquinaria gubernamental. Eso, a todas luces, no ha ocurrido ni en este ni en los anteriores Consejos.

El segundo gran momento de la autopista hacia el fraude se consolidó cuando el CNE se hizo ciego, sordo y mudo frente a los excesos de los aspirantes de Alianza País. Lenin Moreno entregó casas en Manabí. Se cumplieron jornadas proselitistas con fondos públicos, con recursos públicos (materiales e inmateriales). Lenin utilizó un esquema de campaña que le permitía, indirectamente, adueñarse de todas las obras públicas que con ahínco eran inauguradas a contrarreloj por el Presidente Correa. Frente a este escenario de evidente disparidad en la campaña electoral nada dijo el CNE. Eso también es fraude.

El tercer elemento que consolidaría esta ruta está por definirse. Ese corolario, esa cereza del pastel se está decidiendo ahora mismo en circunstancias absolutamente ambiguas y oscuras. Nada sabemos los ciudadanos –los dueños del voto y los empleadores del CNE- del contexto electoral puertas adentro.

Esta ha sido una campaña donde hemos observado la consolidación devastadora de la estructura gobiernista irradiando toda actividad ciudadana. El debate público ha sido limitado a un mercado de pulgas. La propaganda de Alianza País donde se enfrentan bis a bis pelucones con pueblo, donde los ricos evaden impuestos y los pobres aúpan rencores, así tan simples pero elocuentes, los amigos de alianza país nos muestran que para ellos el ejercicio político es esencialmente un ejercicio de división.

El fraude no es sólo una cuestión numérica. Centésimas aquí, milésimas allá. Esa es solo la expresión material y consolidada de un proceso. Existen fraudes estructurales como el que se ha trazado en nuestro país. Esta vez a los ecuatorianos no han cogido más despiertos y con plena seguridad afirmo que la colocada de esa cereza final del fraude será impedida a toda costa. En fin. Amanecerá y veremos.